Beltrán es un deportista amateur incansable. Tanto le da por
correr, como por la bici o por nadar. Pero la piscina le aburre, así que
siempre que puede, entrena en aguas abiertas, en el mar, donde pasa largas
horas nadando con sus compañeros. Pero en el mar no estás solo, y no es la
primera vez que ha sufrido alguna picadura de medusa. Cuando ayer sintió un
intenso dolor en el pie derecho mientras nadaba bastante alejado de la costa,
supo que se trataba de una medusa. En realidad, no la vio, sino que, tras el
susto inicial, y debido al intenso dolor, decidieron abortar el entrenamiento y
regresar.
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| A las 24 horas de la picadura |
Unos 20 minutos más tarde, ya en la playa, comprobó que el
pie seguía en su sitio, pero con zonas rojas y edematosas. Parecía que le iban
a salir ampollas de un momento a otro, así que se fue a casa y aplicó frío en
la zona afectada. El dolor fue remitiendo, pero al día siguiente amaneció
bastante peor, con ampollas y un eritema intenso, así que se hizo una foto con
el teléfono y se la mandó a un amigo, que conocía a una dermatóloga con un
blog. Seguro que ella le diría qué hacer.
Y así fue cómo llegó esta foto a mi WhatsApp, una de tantas
de ese día, aunque seguramente, la más llamativa de todas, y que nos servirá
para repasarnos y actualizar el tratamiento de las picaduras de medusa, un tema
típico de la época estival. Os leo, pero volveremos a estar por aquí el próximo
sábado para repasar este tema de actualidad.

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