25 abril 2026

Un pie de color de fresa

Lluís vino al mundo hace un mes y medio con un pan bajo el brazo… y una fresa en el pie. Bueno, para ser exactos nuestro pequeño paciente no tenía nada llamativo cuando nació, pero ya en las primeras semanas de vida apareció de la nada una gran placa que ocupaba casi la totalidad del dorso de su pie derecho que crecía día tras día de manera evidente, afectando incluso los tres primeros espacios interdigitales. No parecía que le molestara y, al menos por el momento, no había sangrado ni dado otros problemas salvo el aumento de tamaño tan llamativo que, junto al color rojo intenso, realmente recordaba a una fresa. Una fresa enorme.

Imagen inicial de nuestro paciente. Foto: Dra. Cristina Nadal

El pediatra en el centro de salud contactó con el servicio de dermatología en nuestro hospital mediante un protocolo de derivación rápida para estos casos y así fue cómo conocimos al pequeño Lluís quien, como os podéis imaginar, tenía un hemangioma infantil en el pie, sin que evidenciáramos otras lesiones tras una exploración minuciosa. Los padres estaban realmente asustados de que fuera aumentando más y más de tamaño y nos preguntaron si se podía hacer alguna cosa para evitarlo.

La semana pasada repasamos las indicaciones de tratamiento de los hemangiomas infantiles, así que quizá va siendo hora que entremos en detalles de qué opciones tenemos para estos pacientes. Aquí estaremos de nuevo la semana que viene para repasarlas (o en este enlace).

Recuerdos desde Chios. 

18 abril 2026

Hemangioma infantil: ¿cuándo tratar?

Cuando nos encontramos ante un hemangioma infantil (HI) en la consulta (podéis consultar esta entrada del blog para repasar la entidad), es inevitable que los padres nos hagan la pregunta del millón: ¿Esto se irá sólo?

- La respuesta corta es: muchas veces, sí.

- La respuesta completa es: depende… y lo importante no es sólo si desaparece, sino cómo lo hace.

Tradicionalmente, nos enseñaron que los hemangiomas “aparecen, crecen y desaparecen espontáneamente”. Pero hoy sabemos que esperar no siempre es inocuo ni la mejor opción. La fase de crecimiento más rápida ocurre en los primeros meses de vida y, si llegamos tarde, la piel ya puede haberse distendido o dañado, dejando secuelas permanentes.

Un mes después de la primera visita (sin tratamiento)

De ahí que la clave no sea tratar todos los hemangiomas, sino identificar a tiempo cuáles sí necesitan tratamiento. Y es crucial que esta decisión se tome lo antes posible.

No todos los HI necesitan tratamiento sistémico, pero hay cuatro escenarios donde no podemos dudar:

  •  Compromiso vital o funcional: Si el hemangioma obstruye la vía aérea o está cerca del ojo. ¡Cuidado con el párpado! Aunque la lesión sea pequeña, si el hemangioma pesa sobre el globo ocular puede causar astigmatismo y, lo que es peor, ambliopía (ojo vago). Aquí el tratamiento es urgente.
  • Riesgo estético y mayor potencial de desfiguración: Este es el punto más subjetivo, pero clave. No es lo mismo un hemangioma en la espalda que uno en la “zona noble” de la cara (nariz, labios, glabela). La punta de la nariz y la columela son regiones anatómicas con importante riesgo estético. También en el labio, especialmente si la lesión atraviesa el borde del bermellón. Otros factores serían una lesión grande de más de 2 cm, de crecimiento rápido, especialmente si está en la cara (>1 cm si la edad es menor a 3 meses) o con un borde “escalonado” y abrupto. También cuando se localiza en la mama, sobre todo si afecta al pezón en una niña.
  • Ulceración recalcitrante: un hemangioma que se ulcera duele mucho y tiene riesgo de infección y cicatriz.
  • Insuficiencia cardíaca de gasto alto.

Por desgracia, no tenemos una bola de cristal que nos diga qué hemangiomas dejarán secuelas y cuáles no, pero sí que hay algunas características que nos pueden ayudar a predecirlo. Los hemangiomas mixtos o pedunculados son los que más guerra dan. Los dermatólogos pediátricos más experimentados se fijan mucho en el borde del hemangioma: si el componente superficial crece de forma “abrupta” hacia arriba, como un escalón, dejará más piel redundante que uno que tiene un borde suave y plano. Si la superficie parece un “empedrado”, hay que prepararse para una piel con textura irregular en el futuro.

Resumen del test IHReS (criterios de derivación a dermatología en HI)

Para los pediatras (y padres curiosos), vale la pena conocer el IHReS (Infantile Hemangioma Referral Score). Es un test sencillo (puede consultarse la validación en este artículo publicado en Pediatrics en 2020) mediante el cual, con unas pocas preguntas, podemos saber si es un hemangioma con el que debemos correr, o no. Si el hemangioma está en la cara, orejas, pecho (en niñas), zona lumbo-sacra, mide más de 4 cm o el niño tiene más de 5 hemangiomas… Debemos derivar rápidamente al dermatólogo, a ser posible antes del mes de vida.

Si el dermatólogo decide iniciar tratamiento, existen múltiples posibilidades, de las que vamos hablar en las próximas semanas. Como mensaje clave: no se trata de tratar más, sino de tratar mejor y a tiempo. Porque en los hemangiomas infantiles, muchas veces esperar demasiado es llegar tarde.

Seguramente os preguntaréis qué pasó con Janneth. No cumplía ninguno de los supuestos “críticos”, pero la lesión medía casi 4 cm y había crecido algo en las últimas semanas, así que daba una puntuación justo de 4 en la escala IHReS. De hecho, nos la derivaron con carácter preferente y finalmente, y de acuerdo con sus padres, acordamos un seguimiento estrecho sin realizar tratamiento. El hemangioma no creció más y en el transcurso de los meses siguientes se fue aplanando y aclarando, con un resultado estético satisfactorio.

* Esta entrada ha sido elaborada por nuestra R3 (casi R4) Margalida Perelló Roig, quien volverá a estar con nosotros dentro de dos semanas para seguir explicándonos el tratamiento de los hemangiomas infantiles.

Hoy terminamos en los Himalayas, con este largo y relajante vídeo.

11 abril 2026

Un bebé con una mancha roja

Los padres de Janneth están visiblemente preocupados cuando entran en la consulta. No así su hija, quien sonríe nada más tumbarla en la camilla de exploración, ajena al ambiente hospitalario y a las caras serias de sus progenitores. Nació con algo de adelanto, a las 38 semanas de gestación, hace tres meses y medio, en un parto por lo demás sin complicaciones. En ese momento no se constataron alteraciones en la piel, pero sus padres nos explican que, ya en el primer mes de vida, le vieron una manchita roja en la parte externa de la rodilla izquierda, que con los días se iba volviendo más evidente, de un rojo muy intenso y más abultada. Afortunadamente, Janneth no parecía nada molesta por la mancha en cuestión y su desarrollo era completamente normal. Como que era una lesión muy llamativa, su pediatra la derivó con carácter preferente a nuestras consultas para que la valoráramos.

Placa de aspecto vascular en la pierna izquierda

Aparte de esa placa de aspecto vascular, de color rojo intenso, bien delimitada, de poco más de 3 cm, no ulcerada, el bebé no presentaba otras lesiones similares en otras localizaciones ni nada que nos llamara la atención.

El diagnóstico parece sencillo, ¿no? Pero, qué hay del tratamiento? ¿Podemos hacer algo para que la piel vuelva a su estado normal? Y, lo más importante, ¿hay que hacer algo, o no es necesario? ¿Qué les decimos a los padres de la criatura? Tenéis una semana para pensarlo, aunque nosotros lo tuvimos que decidir en 10 minutos. La respuesta, como siempre, el próximo sábado, aquí mismo.

Hoy nos vamos a Irlanda, desde el aire. Enjoy! 

04 abril 2026

Eccema crónico de manos: viejas enfermedades, nuevos tratamientos

Hay entidades que se redefinen o clasifican a golpe de “medicamento innovador”. Hace no demasiado habríamos intentado definir las lesiones en las manos de Omaira como “dermatitis alérgica de contacto”, “dermatitis por irritante primario” o incluso “psoriasis palmar”, a través de una concienzuda exploración física, anamnesis y alguna que otra prueba complementaria. Pero hoy, en 2026, vamos a diagnosticar a Omaira de un “eccema crónico de manos” (o ECM a partir de ahora), porque ya tenemos medicamentos específicos para el ECM, con ese nombre en concreto. Eso no quiere decir que no debamos seguir los pasos anteriores, pero la etiqueta diagnóstica cobra más importancia que nunca.

Para revisar esta entidad me he basado en estos dos artículos de revisión de la revista americana de dermatología (JAAD, 2025) que podéis consultar en este enlace. El eccema de manos se define como una dermatosis inflamatoria localizada en las manos y muñecas, con presentaciones muy variables. Se considera crónico cuando dura más de 3 meses o cuando presenta más de 2 recurrencias al año.

Las manos de Omaira, antes de empezar tratamiento sistémico

Si lo consideramos así, globalmente, nos damos cuenta que es un problema muy frecuente en la población general, con una incidencia aproximada del 10%. Es 1,5-2 veces más frecuente en mujeres (por factores ambientales), se dispara en profesiones en las que la humedad es importante (limpieza, sanidad, peluquería, hostelería) y en la pandemia por COVID-19 vimos un claro incremento de los casos por higiene intensiva.

El eccema de manos es una enfermedad multifactorial, habiéndose identificado una serie de factores de riesgo asociados, como la dermatitis atópica (que lo multiplica x4), los trabajos húmedos (agua, lavado frecuente, guantes oclusivos), sensibilización por contacto (sí, a veces es por alergia), clima frío o seco y el tabaco también parece que empeora la gravedad de las lesiones.

La patogenia es variopinta y un tanto confusa, dado que estamos englobando como “eccema de manos” a diversas enfermedades o subtipos. Pero podemos decir, en términos generales, que estamos ante una disminución de genes implicados en la barrera cutánea (filagrina, claudina-1), que están activadas múltiples vías inflamatorias (Th1, Th2/Th22, Th17), sean o no atópicos, que hay un aumento de queratinas hiperproliferativas (KRT6, KRT16) y, frecuentemente, una colonización por S. aureus que se asocia a una mayor gravedad. O sea, que es una enfermedad inflamatoria compleja, no una simple irritación.

Llegados a este punto, seguramente lo más complicado es definir los subtipos. En esta revisión que estamos repasando hoy nos insisten en que la morfología no siempre se correlaciona con la causa, así que proponen una clasificación que combina criterios etiológicos y morfológicos.

Así, en cuanto a principales etiologías tenemos: la dermatitis irritativa de contacto (DIC), que es la más frecuente; la dermatitis alérgica de contacto (DAC); la dermatitis atópica de manos y, menos frecuentemente, la dermatitis de contacto por proteínas.

Los subtipos morfológicos serían la forma hiperqueratósica, la vesicular recurrente (eccema dishidrótico), la pulpitis (fingertip eczema) y la numular.

O sea, varios diagnósticos dentro de un mismo diagnóstico. Pero, además, conviene recordar que no todo lo que se parece a un eccema de manos lo es, y que debemos excluir otros diagnósticos posibles, como la psoriasis palmo plantar (seguramente es lo más complicado, cuando solo afecta las plantas y no tenemos otros signos de psoriasis), la tiña manuum, la pustulosis palmo plantar (psoriásica o no), la queratólisis exfoliativa, el liquen plano, la escabiosis, un secundarismo luético y otras enfermedades más raras.

¿Qué tenemos que hacer ante un paciente de estas características? Ya lo hemos insinuado, pero por si acaso, recordemos:

  1. Una historia clínica detallada es mucho más importante que una biopsia, en este caso. Preguntaremos siempre por actividad laboral y productos utilizados, hobbies, uso de guantes (tipo, frecuencia, si llevan doble guante), frecuencia de lavado de manos, uso de cosméticos u otros productos (naturales o no), medicamentos previos, historia personal y familiar de atopia o psoriasis.
  2. Una exploración minuciosa. No hay que mirar solo las manos. También los pies, las uñas, el cuero cabelludo, codos, pliegues, incluso preguntar por afectación genital (buscando una psoriasis o pistas de otra enfermedad).
  3. Las pruebas epicutáneas son casi obligadas en el ECM, incluso ante casos muy “irritativos”. La dermatitis alérgica de contacto es frecuente, puede coexistir y ser la causa o mantener la clínica. Incluso en pacientes que se las han hecho hace muchos años, a veces vale la pena repetir o ampliarlas.

Ya tenemos a nuestra paciente correctamente etiquetada como eccema crónico de manos (le repetimos las pruebas epicutáneas, que salieron negativas). Ahora vamos a repasar las alternativas terapéuticas actuales para ver qué les podemos ofrecer a nuestros pacientes en esta situación.

Lo primero, pero no por ello menos importante que los tratamientos “de verdad”, la prevención y medidas generales. Aunque sean de sentido común en su mayoría, vale la pena repasarlas y recordarlas: evitar el lavado excesivo, utilizar limpiadores suaves y sin perfumes, secar de manera meticulosa, hidratar frecuentemente (al menos dos veces al día), con cremas ricas en lípidos y de nuevo sin fragancias y, para la higiene laboral, recordar que (si no hay suciedad visible), la solución hidroalcohólica irrita menos que el agua y jabón. Además, recomendar guantes adecuados (de nitrilo, siempre que no haya alergia a ese componente, de algodón debajo si vamos a estar más de 10 minutos con ellos puestos y evitando en la medida de lo posible la oclusión prolongada).

A los 6 meses de iniciar tratamiento sistémico

Los corticoides tópicos siguen siendo el tratamiento de primera línea: los más potentes si tratamos la piel de las palmas y de menor potencia cuando estemos tratando el dorso de las manos, evitando el uso diario prolongado (siempre serán mejores pautas cortas y luego un mantenimiento intermitente, con días de descanso).

Siguiendo con los tratamientos tópicos, los inhibidores de la calcineurina (aunque con evidencia limitada), tanto el tacrolimus como el pimecrolimus, pueden ser útiles en las zonas de piel más fina o como terapia de mantenimiento.

La principal novedad de este año es, precisamente un nuevo tratamiento tópico: el delgocitinib, un inhibidor tópico pan-JAK (bloquea múltiples vías inflamatorias) que, en ensayos fase 3 en pacientes con ECM aplicado dos veces al día, logró respuestas superiores al vehículo. En esos estudios pivotales, aproximadamente el 20-29% alcanzaron una respuesta prácticamente completa (eritema casi imperceptible) en semana 16 (frente al 7-10% de vehículo) y cerca del 50% alcanzó HECSI-50 (Hand Eczema Severity Index). No parece una solución perfecta para todos los pacientes, pero puede ser una alternativa para aquellos que dependan crónicamente de los corticoides o no se controlen con el tratamiento estándar. En breve lo tendremos en nuestro arsenal terapéutico.

El tratamiento sistémico se plantea en los casos más graves que repercuten negativamente en la calidad de vida de los pacientes y que no se controlan con tópicos. El único que tiene esta indicación según ficha técnica en Europa es la alitretinoína, un retinoide que puede ser muy eficaz en algunos pacientes, pero con la limitación de prescripción debido a su precio (está financiado, pero el paciente debe asumir el coste correspondiente). En la práctica, muchos pacientes reciben tratamientos off-label, con ciclosporina A, metotrexato, acitretina (las formas hiperqueratósicas), azatioprina o incluso corticoides orales como rescate, puntualmente.

Por último, el futuro. Ya tenemos indicación de dupilumab para la afectación de manos de la dermatitis atópica y otros fármacos (IL-13, JAK orales, como upadacitinib o abrocitinib) muestran datos prometedores en subanálisis de dermatitis atópica con eccema de manos.

¿Qué pasó con Omaira? Como que no la controlábamos con tratamiento tópico (aún no disponemos de delgocitinib en Baleares) y no podía costearse la alitretinoína, decidimos iniciar metotrexato oral hace poco más de un año. La respuesta ha sido completa, con remisión del prurito y las lesiones, buena tolerancia y sin alteraciones analíticas, por lo que de momento lo mantenemos a dosis de 12,5 mg semanales por vía oral.

Hoy me despido con un vídeo diferente, y es que esta semana he salido en el podcast "El Salto", de mi buen amigo Abel Pérez, con quien he tenido el placer de conversar sobre el blog (y sobre otras cosas) durante un buen rato. Si queréis escuchar (y ver) la conversación, donde también adelantamos los futuros cambios que se vienen, no os podéis perder la entrevista.