miércoles, 18 de mayo de 2022

Tiña corporis en piel negra

Tenemos la manía de pensar en enfermedades tropicales cuando antendemos a pacientes de piel negra. Diagnósticos exóticos que sólo se ven en los libros, pero quién sabe… muchas infecciones cutáneas en ese tipo de pieles están favorecidas por el clima cálido y húmedo de las zonas tropicales, por la existencia de vectores transmisores y patógenos exclusivos de esas zonas y, por qué no decirlo, por ciertos factores socio-económicos (pobreza, hacinamiento…). Pero la realidad es tozuda y la mayor parte de dermatosis de nuestros pacientes con fototipos altos son exactamente las mismas que los de fototipos claros. Sólo que la ausencia de eritema, unido a nuestro afán de diagnosticar cosas raras, a veces nos puede despistar. Así que, una vez más, lo más probable es lo más frecuente y, aún sin la ventaja de contar con el color rojo, ese borde activo y descamativo sólo podía significar una cosa: ¡tiñazo a la vista!

Al cabo de 6 semanas

Así que confirmamos el diagnóstico mediante un raspado de esas escamas y un examen directo al microscopio, que fue positivo. Así ya pudimos iniciar tratamiento con miconazol tópico y terbinafina oral, 250 mg/d durante 4 semanas. Además tomamos otra muestra para cultivo micológico, lo que nos permitió identificar al Trichophyton tonsurans como responsabe del cuadro que padecía Assane, quien al cabo de mes y medio volvió curado a nuestra consulta, con sólo cierta hiperpigmentación postinflamatoria en algunas zonas.

Las tiñas del cuerpo (tinea corporis), mal llamado “herpes circinado” son relativamente frecuentes en pacientes de piel negra, aunque la tinea capitis es la que se lleva la pallma, especialmente en África, donde es endémica y se observa sobre todo en niños.

El tratamiento, pues igual que en otro tipo de pieles, podemos utilizar antifúngicos tópicos en aquellos cuadros de reciente aparición, de extensión limitada, o añadir tratamiento sistémico, con azólicos o terbinafina.

El vídeo de hoy, muy adecuado...

Mushroom Growing - Mushroom Timelapse from Time Motion on Vimeo.

sábado, 14 de mayo de 2022

Un eccema muy oscuro

Assane es un hombre de 40 años, sin alergias que él conozca ni ningún otro antecedente médico relevante, que es remitido a nuestra consulta por una extraña “dermatitis” que se limita a la región cervical anterior, izquierda y posterior, desde hace ya 4 meses y que no ha respondido al tratamiento con loratadina oral y prednicarbato tópico, que lleva aplicando desde hace al menos dos meses. Una semana antes había incluso acudido a urgencias generales por este motivo, donde le admistraron un antihistamínico intramuscular y desde allí nos lo remitieron a nuestra consulta.



Como que las fotos son lo suficientemente ilustrativas, de momento no añadiré nada más, en espera de vuestros comentarios. Sí os puedo adelantar que Assane no tenía lesiones en otras localizaciones ni ninguna otra sintomatología asociada. Trabajador de la construcción desde hacía ya muchos años, no relacionaba el cuadro actual con nada concreto, así que nos toca pensar a nosotros. El miércoles, volveremos puntuales con la respuesta.

¿Os gusta el surf? Pues nos vamos a Hawaii.

WOTW: HAWAIIAN HOSTS from HAWAII EIGHT on Vimeo.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Dermatomiositis y cáncer

Esmeralda lo tenía todo para que le pudiéramos diagnosticar una dermatomiositis sin demasiado esfuerzo: eritema heliotropo, pápulas de Gottron, signo del chal, eritema periungueal y una debilidad muscular proximal. La analítica nos terminó de confirmar el diagnóstico y de entrada mejoró mucho con prednisona e hidroxicloroquina (luego ya vendrían otros inmunosupresores, pero hoy nos centraremos en otro aspecto de esta interesante enfermedad).

Y es que es bien conocido que el cáncer es la principal causa de muerte entre los pacientes con dermatomiositis. Un 10-35% de adultos con esta enfermedad son diagnosticados de cáncer a lo largo de los tres años siguientes al diagnóstico. Así que hoy aprovecharemos el caso de Esmeralda para comentar este artículo editorial del JAMA Dermatology del pasado mes de marzo por Heidi Vaughan y que intenta hacernos ver que el abordaje de estos pacientes debe ser más individualizado en base a los últimos estudios al respecto.

Signo del chal

Un reciente metaanálisis ha identificado diferentes factores que podrían hacer variar el riesgo de cáncer entre los pacientes con dermatomiositis y otras miopatías inflamatorias. Así, la positividad para el factor de transcripción TIF-gamma confería un riesgo relativo (RR) de 4,66. El resto de características clínicas fueron la edad (media de 59 años en el grupo de cáncer y 49 en el resto), género masculino (RR 1,53), disfagia (RR 2,09) y ulceración cutánea (RR 2,73). En cambio, algunas características clínicas se asociaron a un menor riesgo: enfermedad intersticial pulmonar (RR 0,49), fenómeno de Raynaud (RR 0,61) y enfermedad amiopática (RR 0,44). La cronología también es relevante, siendo el riesgo mucho mayor en el primer año tras el diagnóstico de la dermatomiositis y persistiendo elevado al menos los 2-3 años siguientes.

En el artículo en cuestión se plantean realizar la búsqueda de cáncer oculto en pacientes con dermatomiositis de manera escalonada, en base a la revisión de la literatura. En un primer “escalón” estarían aquellas neoplasias en las que se ha establecido un riesgo especialmente elevado en pacientes con dermatomiositis, en los que existen guías bien definidas tanto en población general como en grupos de alto riesgo (pulmón, colon y recto, mama y cérvix). En el segundo “escalón” se plantean aquellos cánceres que se han demostrado especialmente incidentes en pacientes con dermatomiositis pero sin guías específicas. Todo ello sin perder de vista las consecuencias de los posibles falsos positivos que nos podamos encontrar, lo que, entre otras consecuencias, retrasaría el inicio del tratamiento inmunosupresor en estos pacientes.

Pápulas de Gottron y eritema periungueal

No los vamos a repasar uno por uno (os remito al artículo de Vaughan), pero por ejemplo, el cáncer de mama y el de ovario son algunos ejemplos relevantes. La American Cancer Society recomienda una mamografía anual y resonancia magnética de la mama para mujeres con un riesgo de cáncer de mama de > 20-25%, desde la edad de 30 años. Asumiendo que el riesgo medio de cáncer de mama a lo largo de la vida de una mujer es del 12% y que la tasa de incidencia en pacientes con dermatomiositis se multiplica por un factor del 3,49-3,52, se puede concluir que se debería recomendar esa prueba (además de la mamografía) en mujeres de más de 30 años, los tres primeros años tras el diagnóstico de la enfermedad. Por el contrario, aunque el riesgo de cáncer de ovario también se encuentra muy incrementado en estas pacientes, no queda claro si la determinación de CA125 o las ecografías transvaginales son capaces de aumentar la supervivencia en estas mujeres, si bien es cierto que en la mayoría de guías se recomienda determinar (en mujeres sin masa pélvica conocida) CA125 y exploración por imagen en caso de alteración.

Pero como que los pacientes con dermatomiositis tienen tanto riesgo de múltiples tipos de neoplasias, también se discute el valor diagnóstico de técnicas de imagen de todo el cuerpo (body-TAC o PET), aunque no queda claro qué es mejor, dado que estas técnicas también tienen sus inconvenientes (incluyendo la radiación).

Por tanto, seguimos necesitando estudiar mejor a estos pacientes para poder determinar qué estrategia es mejor. Y tener claro que, en caso de investigar la posible neoplasia oculta, no alargar ese screening más de 3 años (aunque algunos autores proponen 5).

Esmeralda lleva ya más de 11 años con la enfermedad y afortunadamente no ha desarrollado ninguna neoplasia, aunque los dos primeros años nos dedicamos a descartarla con insistencia.

Hasta el sábado. Hoy nos vamos a Dakota del Norte con este vídeo.

THEODORE ROOSEVELT National Park 8K (North Dakota) from More Than Just Parks on Vimeo.

sábado, 7 de mayo de 2022

Rojeces en las manos

Últimamente a Esmeralda le pasaban cosas muy raras, y no sólo en la piel. Le habían enviado a dermatología porque desde hacía casi un año le habían salido en el dorso de las manos una especie de “eccemas” extraños que no le picaban, pero las manos sí que le dolían (le habían dicho que ya por la edad, acababa de cumplir 60 años). También tenía unas manchas rojas en el escote y en los hombros y todo empeoraba cuando se exponía a la luz del sol.

 
 
 
Por lo demás se encontraba razonablemente bien, pero sí que nos contó que en los últimos meses se notaba muy cansada, más de lo normal y sin motivo aparente. Le costaba hasta coger un vaso del armario de la cocina, o incluso levantarse del sofá. También sería por la edad, ¿no? Ah, y se le caía mucho el pelo (“y no me diga que también es de la edad”), de manera difusa. El test de tracción era negativo, pero tenía un eritema en todo el cuero cabelludo que llamaba la atención.
 
Imagen dermatoscópica del pliegue ungueal
 
Podríamos explicar más detalles de la exploración física, pero creo que ya hemos dado muchas pistas y las imágenes, incluida la dermatoscopia del pliegue ungueal, son bastante explicativas. En cualquier caso, el miércoles volveremos a estar por aquí con la respuesta al caso de esta semana.
 
Hoy nos despedimos con un vídeo más experimental.

Velocity from Madebyvadim on Vimeo.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Vitíligo: guías de tratamiento británicas (2022)

Cuando el otro día vi que la Asociación de Dermatólogos Británicos (que se llama BAD, pero de “bad” no tiene nada) acababa de publicar unas nuevas guías de tratamiento para pacientes con vitíligo se me ocurrió que sería una buena idea haceros un resumen a propósito del caso de Emma, ya que los británicos no suelen dar puntada sin hilo con sus “guidelines”. Pero ahora que tengo las guías delante, creo que me va a costar traducir el artículo en formato blog, ya que está lleno de apéndices, cuestiones por resolver y recomendaciones que intentan recoger la evidencia de todo lo publicado entre 2007 y 2019. Así que, aunque me voy a limitar a trasladar los puntos más claros, y si tenéis mucho interés os recomiendo la lectura del artículo de Viktoria Eleftheriadou en el British Journal of Dermatology (2022), acreditado por NICE.

El vitíligo es un trastorno crónico y adquirido de la pigmentación de la piel, por la pérdida de melanocitos funcionales. Tiene una prevalencia del 0,1-1% en todo el mundo (en la India, más de un 8%), afectando tanto a niños como a adultos, de ambos sexos. Un 50% de los casos se inician antes de los 20 años y un 70-80% antes de los 30.

Se considera un trastorno autoinmune y, por tanto, se puede asociar a otras enfermedades autoinmunes, como patología tiroidea, anemia perniciosa, enfermedad de Addison y diabetes tipo 1, entre otras. La incidencia de enfermedad tiroidea en pacientes con vitíligo es del doble que en la población general y entre el 3-90% de los pacientes tienen anticuerpos antitiroideos.

Las manos de Emma, dos años más tarde.


Para tranquilidad de nuestros pacientes, se ha demostrado que el vitíligo se relaciona inversamente con el melanoma. O sea, que si tienes vitíligo, tienes menos probabilidad de desarrollar un melanoma. Y esto es así también con otros tipos de cáncer de piel. Pero eso no quiere decir que nos podamos despistar con el tema de la fotoprotección.

Pues nada, allá vamos con las guías. Primero de todo, las recomendaciones generales, a saber: una anamnesis exhaustiva (si es segmentario o no, extensión, progresión, factores desencadenantes, impacto en la calidad de vida y/o psicológico, antecedentes personales y familiares de esta y otras enfermedades autoinmunes,…), pedir función tiroidea y anticuerpos antitiroideos (incluyendo niños) y remitir al paciente al especialista si: las lesiones progresan rápidamente, no tenemos claro el diagnóstico, no responde al tratamiento o el impacto psicosocial es elevado. También recomiendan determinar los niveles de vitamina D en aquellas personas que, por su vitíligo, evitan por completo la exposición solar (y suplementar si es necesario) y, en las que no, recomendar fotoprotección en la piel acrómica con un FPS 50+ y sin olvidar la protección frente a UVA.

¿Y qué hay de los tratamientos tópicos? Pues el tratamiento de elección siguen siendo los corticoides tópicos de potencia alta o muy alta, una vez al día, evitando la zona periocular y explicando bien al paciente cómo aplicarlo correctamente (y cuánta cantidad). Con menos evidencia, se puede considerar el uso de tacrolimus 0,1% dos veces al día en personas con vitíligo facial como alternativa al uso de corticoides potentes o, en aquellas zonas de piel más fina (pliegues y región periocular) también se puede proponer una semana de corticoides alternada por una semana o más de tacrolimus (u otros inhibidores de la calcineurina). Se recomienda asimismo controlar a los pacientes en tratamiento tópico cada 3-6 meses (hacer fotografías como método de seguimiento es de gran ayuda).

En pacientes con vitíligo muy extenso en zonas visibles sin respuesta al tratamiento con impacto negativo en la calidad de vida, considerar las terapias de despigmentación.

Pero en estas guías también se habla de tratamiento sistémico, aunque si estáis pensando en las últimas novedades y en los inhibidores del JAK quizá os llevéis una pequeña decepción. Lo que sí recomiendan con mayor evidencia, en aquellos casos de vitíligo rápidamente progresivo, es considerar betametasona oral 0,1 mg/kg, 2 veces por semana en días consecutivos, durante 3 meses y disminuyendo posteriormente en los tres meses siguientes, combinado con fototerapia UVB de banda estrecha, considerando siempre los beneficios y los riesgos. En cambio, no recomiendan pautar azatioprina en combinación con fototerapia y nos recuerdan que no existe evidencia suficiente para recomendar metotrexato, minociclina o tofacitinib en esa indicación (al respecto de los JAK, recordar que repasan las publicaciones hasta 2019).

Otra cosa es la fototerapia, que recomiendan como 1ª línea de tratamiento (UVB de banda estrecha) en personas con vitíligo sin respuesta al tratamiento tópico y/o lesiones extensas y en progresión (en niños es el único supuesto en que se es más conservador para indicar fototerapia). La fototerapia se puede combinar con tacrolimus o corticoides tópicos en zonas localizadas. En cambio, no abogan de entrada por el PUVA, únicamente si no se dispone de UBV-BE y sólo en adultos. Con menor evidencia también se podría considerar el tratamiento con láser excímero en pacientes con lesiones localizadas, pero no suele estar disponible en la mayoría de los centros. Incluso se puede considerar el láser de CO2 con 5-fluorouracilo en adultos con vitíligo no segmentario de manos y pies en ausencia de respuesta a otros tratamientos.

Los injertos celulares (mediante la inducción de ampollas por succión) en pacientes con vitíligo estable (segmentario o no) también se pueden considerar si se llevan a cabo por profesionales con experiencia. Se considera que el vitíligo es estable cuando no han aparecido nuevas lesiones en los últimos 12 meses y las existentes no se han modificado.

Incluso puede ser necesario un abordaje psicológico en algunos pacientes y, por último considerar e instruir a los pacientes en técnicas de maquillaje (camuflaje) que pueden ser muy útiles. En cambio, no existe evidencia para recomendar otros “tratamientos” alternativos en esta indicación.

Resumiendo: tratamiento tópico de primera línea (corticoides o tacrolimus), fototerapia o corticoides orales de segunda línea y el resto, en último lugar. En cualquier caso, cada pacientees un mundo y antes de proponer cualquier tratamiento conviene hablarlo muy bien con el paciente y aclarar las expectativas.

No os perdáis el vídeo de hoy. Por cierto, yo también tengo vitíligo.

Shed Some Light | Filmsupply Films from Filmsupply on Vimeo.

sábado, 30 de abril de 2022

Blanco sobre marrón

Cualquiera que vea las manos de Emma por primera vez puede pensar que el problema (si es que lo hay) es que le han salido unas manchas marrones. Claro que, de darse el caso, Emma rápidamente nos aclarará que en realidad el problema son las manchas blancas y que, de hecho, ese “marrón” es su tono natural de la piel.



Claro que la “decoloración” de Emma no se limita a las manos. El resto del cuerpo, incluyendo la cara, los genitales y el cuerpo, también son cada vez más blancos. Emma tiene 28 años y hace unos 5 que le aparecieron las primeras manchas blancas, en las manos, antebrazos, tobillos y alrededor de los ojos y la boca. A partir de ahí, fueron extendiéndose a sus anchas, pese a haber probado diversos tratamientos, al principio con corticoides tópicos y después con pimecrolimus, también en crema. Pero las manchas seguían avanzando y se resistían a cualquier tratamiento y a cualquier dermatólogo. No era nada nuevo para ella: su madre y una tía tenían el mismo problema y ya le habían dicho que más le valía resignarse, que no había mucho más que se pudiera hacer.

Y así fue cómo conocimos a Emma y sus manchas. Bueno, esta semana, como a veces sucede, la dificultad seguramente radica en el tratamiento más que en el diagnóstico, ¿no? Emma no tiene otras enfermedades relevantes y, aunque lo tiene bastante asumido, sí que busca algo más de información, para saber a qué atenerse. ¿Qué le decimos? ¿Podemos ofrecerle algo más? ¿Alguna otra recomendación en su caso?

El miércoles volveremos con la respuesta, pero mientras, dentro, vídeo. Con un color muy de invierno, pero bastante adecuado para el caso de esta semana.

"White" from Drew Furtado on Vimeo.

miércoles, 27 de abril de 2022

A vueltas con el queratoacantoma

Ni es la primera vez que hablamos del queratoacantoma en este blog, ni será la última. Y es que, en 2022, todavía no nos hemos puesto de acuerdo en si es o no un tumor maligno. Por eso me ha parecido interesante revisar este reciente artículo publicado por Tisack en el British Journal of Dermatology, así que ¡allá vamos!

Algunos discreparán acerca de si un queratoacantoma es o no un carcinoma epidermoide bien diferenciado, pero creo que todos tenemos claro que su comportamiento biológico es completamente distinto. Por eso los autores nos explican primero las diferencias en la epidemiología de ambas lesiones. El carcinoma escamoso (o epidermoide) representa alrededor del 20% de todas las neoplasias malignas cutáneas (algunos dicen que más), siendo los principales factores de riesgo la edad avanzada, piel clara, exposición crónica a la radiación ultravioleta, radiación, inmunosupresión, heridas crónicas e infección por el virus del papiloma (VPH). Además las nuevas inmunoterapias oncológicas también predisponen a este tipo de tumor. Aunque el pronóstico suele ser favorable, en un 4-6% ocasiona metástasis ganglionares (30% en localizaciones de mayor riesgo, como labio y oreja). La supervivencia a los 5 años para el carcinoma escamoso metastásico es del 34%. En cambio, la incidencia del queratoacantoma está menos estudiada y se estima entre 100-150 casos por 100.000 personas/año, aunque se cree que está infraestimado. Los factores de riesgo son similares al escamoso, añadiendo únicamente los traumatismos cutáneos como factor de riesgo adicional, además de los ya mencionados.

Hortensia, a los 3 meses de la cirugía


El diagnóstico del queratoacantoma se basa en 3 pilares: la presentación clínica característica, con una lesión crateriforme de crecimiento rápido en semanas o pocos meses; una evolución trifásica: proliferación, estabilización y regresión (en lesiones no tratadas) y el estudio histológico compatible (siempre que tengamos la lesión entera). Como comprenderéis, a veces nos tenemos que conformar con el primer punto, y de ahí la controversia en definir lo que es y lo que no un queratoacantoma.

Pero vamos a la morfología de lo más frecuente: el queratoacantoma solitario, que puede aparecer de la nada, como una pápula diminuta (normalmente en zonas fotoexpuestas) que se convierte en un nódulo umbilicado bien delimitado de 5-15 mm, cupuliforme, con un centro queratósico rollo vulcaniano (crateriforme). Entre que se origina y desaparece de manera espontánea pasarían unos 4 a 6 meses. Claro que existen otras presentaciones: el queratoacantoma centrifugum et marginatum (placas solitarias o múltiples), el queratoacantoma gigante (de más de 2-3 cm, hasta 20 cm), el queratoacantoma eruptivo generalizado de Grzybowski (relacionado con VPH 16 y 39), la enfermedad de Ferguson-Smith (de herencia AD), el queratoacantoma múltiple familiar de Witten y Zak (también AD) y el síndrome de Muir-Torre.

¿Nos pueden ayudar las técnicas de imagen? Pues no mucho, la verdad. Y es que, aunque se han descrito los hallazgos dermatoscópicos del queratoacantoma (podéis repasarlos en este post), ni la dermatoscopia y ni siquiera la microscopia de reflectancia confocal son capaces, a día de hoy, a diferenciarlos con seguridad del carcinoma epidermoide cutáneo.

Pero una biopsia sí, ¿o no? Bueeeeenooo, pues no es tan sencillo. En primer lugar, porque las diferencias pueden ser muy sutiles. Pero, sobre todo, porque el patólogo va a necesitar la pieza completa para hacer un diagnóstico preciso (y eso no siempre sucede). Y para terminar de rematarlo, la histopatología va a depender de la fase evolutiva, así que no siempre una biopsia nos va a sacar de dudas, especialmente cuando lo que metamos en el bote de formol sean “trocitos” de la lesión. Vale la pena remarcar que el hallazgo de invasión perineural en un queratoacantoma no confiere un peor pronóstico, a diferencia de lo que sucede con el carcinoma escamoso.

Si habéis llegado hasta aquí es porque estáis deseando saber cuál es el tratamiento más adecuado. Claro que ésta es otra de las grandes controversias de esta entidad. Nos podemos preguntar si es realmente necesario tratar algo que se va solo. Es una buena observación, pero tenemos dos problemas: en primer lugar, saber a ciencia cierta si lo que está creciendo de un día para otro a nuestro paciente es un queratoacantoma o un carcinoma escamoso (ya hemos dicho que para saberlo seguro tenemos que enviárselo todo al patólogo) y, en segundo lugar, no hay nada que nos permita predecir qué tamaño final va a adquirir la lesión (y todos sabemos que las cosas pequeñitas son más fáciles que tratar que las enormes, sobre todo en la cara, que es la localización favorita de estos tumores). De manera que, si lo tenemos muy claro por el aspecto clínico de la lesión, y si estamos en zonas no complicadas, quizá no es descabellado optar por un tratamiento más conservador, especialmente en pacientes ancianos o con otras comorbilidades. Así, de más a menos “invasivo”, tendríamos: la extirpación completa mediante cirugía, la electrodisecación y curetaje, la criocirugía, el metotrexato intralesional, el 5-fluorouracilo intralesional, la bleomicina intralesional, la terapia fotodinámica, el 5-fluorouracilo tópico, el imiquimod tópico y, lo más conservador de todo: el no hacer nada y esperar a que la naturaleza haga su curso, si nuestro diagnóstico es correcto.

Y ya para terminar, unos apuntes sobre la biología de este tumor, que me han parecido muy interesantes (ojo, que esto es nivel avanzado y no lo entiendo ni yo). Es gracioso pensar que la naturaleza “trifásica” del queratoacantoma se haya comparado al ciclo folicular, con sus fases anáfena, catágena y telógena (y si el queratoacantoma tiene un origen folicular, la comparación sería de lo más acertada). Yendo un poco más allá, un modelo murino de queratoacantomas inducidos químicamente han demostrado que las vías de señalización foliculares, en concreto Wnt y del ácido retinoico, son reguladores importantes para la regresión de los queratoacantomas. Estos hallazgos refuerzan la idea de utilizar los retinoides como tratamiento de estos tumores, en especial en aquellos pacientes con múltiples lesiones y da más sentido al uso de acitretina como prevención de carcinomas queratinocíticos en pacientes de elevado riesgo.

Además la terapia de inhibición del BRAF para el tratamiento del melanoma ha puesto de manifiesto el papel del RAS en el desarrollo tanto de carcinoma escamoso como de queratoacantoma, que aparecen casi exclusivamente en zonas fotoexpuestas (los pacientes en tratamiento con vemurafenib desarrollan escamosos en un 16% y queratoacantomas en un 10%).

Pero es que además el queratoacantoma posee la “habilidad” de regresar debido a una regulación positiva de la apoptosis en comparación con la piel normal (en cambio los carcinomas escamosos tienen más bien pocos factores pro-apoptóticos). Y por último estarían los factores genéticos, con diferentes “firmas genéticas” en el carcinoma escamoso respecto al queratoacantoma y diferencias en la aberración cromosómica de ambos tumores (ya hemos comentado los diferentes síndromes genéticos que predisponen a la aparición de queratoacantomas).

Y para terminar, tenemos el “microambiente tumoral”, muy diferente en el escamoso y en el queratoacantoma. Resumiendo mucho, pero mucho, en el queratoacantoma tenemos más citoquinas proinflamatorias y linfocitos activados (CD4, CD8), mientras que en el escamoso, además de las células T reguladoras tenemos células dendríticas tolerogénicas y macrófagos asociados al tumor. No me quiero liar más, así que si os interesa mucho el tema, os recomiendo la lectura del artículo, que además tiene unos gráficos bien chulos.

Os preguntaréis qué pasó con Hortensia. La verdad es que no nos complicamos mucho, le quitamos la lesión en el quirófano sin esperar demasiado y el patólogo confirmó el diagnóstico de queratoacantoma. Como que el resultado estético fue más que aceptable, al final todos contentos.

¡Hasta el sábado que viene! El vídeo de hoy va de no quedarse quietos.

2015 Motion Reel from shane grace on Vimeo.

sábado, 23 de abril de 2022

Un bulto en la nariz

Hortensia tiene 80 años y viene con su nieto, remitida desde urgencias generales, por un bulto que le había aparecido un mes antes en la cara lateral derecha nasal. No le dolía, pero la familia decidió llevarla a urgencias al observar que el bulto en cuestión crecía desde su aparición de un día para otro hasta hacerse un señor tumor de 1,5 cm y temiendo que la cosa se descontrolara aún más.


Se trata de una lesión nodular cupuliforme, con el centro queratósico, no pigmentada, de 1,5 cm y al dermatoscopio podemos observar unos vasos que se disponen en corona, radialmente a esa especie de “cráter” central.

Pese a su edad, Hortensia sólo padece hipertensión arterial, que trata con amlodipino desde hace muchos años y “muchos nervios”. De hecho, está bastante asustada por esa especie de “alien” que le ha aparecido en la nariz, así, sin pedir permiso. Así que ahora vienen las preguntas: ¿qué hacemos con el “alien”? Porque ya le podemos poner nombre, ¿no? ¿O necesitáis una biopsia antes? ¿Hay que operar o se os ocurren otras alternativas de tratamiento? Porque algo habrá que hacer, ¿no?

Nuestra paciente esperará hasta el miércoles a que deis vuestra opinión. Por nuestra parte, aquí estaremos para resolver el caso de esta semana (o en este enlace).

Hoy nos vamos al desierto de Mojave con este vídeo.

MOONLIGHT MOJAVE from Sunchaser Pictures on Vimeo.