¿Me puedo quedar calva con 25 años? Hacía ya tiempo que ésa
era la principal preocupación de Wendy, quien observaba con preocupación cómo
la raya del pelo se le iba ensanchando poco a poco hasta convertirse en una
especie de autopista, como ella misma explicaba. No tenía otros síntomas, salvo
en los meses de primavera y verano en que, si no iba con cuidado, se quemaba el
cuero cabelludo de esa zona por culpa del sol.
Wendy había hecho algún que otro tratamiento que le habían
recomendado en distintas peluquerías y había estado tomando varios suplementos
para el cabello que le habían vendido en la farmacia. Pero ni los champús ni
las vitaminas parecían fortalecer ese cabello, que cada vez era más fino y
escaso. Su médico de familia nos la envió a la consulta tras realizarle una
analítica de sangre con marcadores tiroideos y comprobar que todo estaba
normal.
Nuestra paciente no tenía ningún antecedente relevante y el
resto de exploración era bastante anodina. El test de tracción fue negativo y
no observamos alteraciones macroscópicas del tallo capilar ni del cuero
cabelludo en ese momento. No tenía acné, aunque sí un problema de seborrea.
Tampoco tenía hirsutismo ni otros signos evidentes de hiperandrogenismo, aunque
nos dijo que sus menstruaciones eran irregulares y que en una ocasión le propusieron
iniciar anticonceptivos orales, pero como que no tenía pareja, finalmente no se
decidió.
Esa es toda la información de que disponemos por el momento,
creo que suficiente para orientar el diagnóstico, aunque a Wendy lo que más le
interesa es el tratamiento. ¿Qué pensáis? La semana que viene estaremos aquí de
nuevo con la respuesta.
