Para no tener cerebro, a las medusas no les va nada mal.
Frente a otras especies marinas mucho más apreciadas, parece que estos seres
gelatinosos abundan cada vez más en nuestras aguas (o más bien en las suyas, y quizá nosotros somos los invasores). No son raros los encuentros con bañistas y nadadores confiados. Y si no, que se
lo digan a Beltrán, cuyo pie fue empeorando en los primeros días, con ampollas
enormes que ocupaban todo el empeine. No fue hasta al cabo de 10 días que las costras se fueron desprendiendo y a día de hoy ese episodio es simplemente un mal recuerdo de verano.
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| 5 días después de la picadura |
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| A los 10 días |
En 2011 escribí en este mismo blog una entrada en la que
repasaba los consejos ante picaduras de estos animales. Lo titulé “Las medusas,mejor con vinagre”. Era lo que se recomendaba por aquel entonces en la mayoría
de protocolos, en contraposición a otros remedios caseros que incluían desde
orina hasta pasta de dientes. Han pasado 15 años y toca actualizar el mensaje,
ya que hemos aprendido bastante acerca de cnidocitos, nematocistos y venenos
marinos. Es lo que tiene la medicina, que a veces los dogmas envejecen mal y
necesitamos rectificar cuando el conocimiento avanza. La pregunta es la misma:
¿Qué hacer si te pica una medusa? Pero a día de hoy la respuesta se matiza
mucho más: depende de la especie.
Primero, un poco de biología urticante. Las medusas
pertenecen al filo Cnidaria. Están armadas con unas células especializadas
llamadas cnidocitos, muy abundantes en sus tentáculos. Dentro de cada
cnidocito hay una cápsula: el nematocisto, que contiene un filamento
enrollado y veneno. Cuando este se activa, por estímulos mecánicos o químicos,
el filamento se dispara cual arpón y penetra en la piel en una fracción de
segundo, inoculando el veneno.
Lo importante para entender cómo actuar es conocer que tras
la picadura pueden quedar restos de tentáculos o cnidocitos sin descargar
adheridos a la piel. Si provocamos su activación, podemos provocar una segunda
descarga de veneno, empeorando el problema.
Pero el Mediterráneo no es Australia, y cuando hablamos de medusas podemos cometer el error de meterlas a todas en el mismo saco. No es lo mismo una cubomedusa australiana, potencialmente letal (Chironex fleckeri), que la Pelagia noctiluca de las playas mediterráneas (responsable de la mayoría de percances en esa área geográfica). Su picadura suele producir un dolor muy intenso, quemazón, prurito, eritema, edema, lesiones lineales o serpiginosas, habones, vesículas, ampollas o costras (más adelante). No es especialmente peligrosa en cuanto a letalidad, pero sí que es muy dolorosa y producir lesiones importantes que incluso pueden dejar alguna secuela, como discromía o cicatrices. Es excepcional la presencia de síntomas sistémicos, pero pueden darse si las lesiones son muy extensas, en niños pequeños o pacientes sensibilizados. También hay que tener presente que, incluso tras un manejo impecable a pie de playa, el veneno de la Pelagia noctiluca tiene una alta capacidad inmunogénica. Semanas después de la picadura, no es raro que el paciente desarrolle erupciones recurrentes o reacciones de hipersensibilidad retardada en la zona cicatricial.
La controversia en la literatura médica sobre las picaduras
de medusa es notoria y la confusión surge porque las recomendaciones de
primeros auxilios se intentan universalizar, cuando la realidad es que el
mecanismo de descarga de los nematocistos es estrictamente dependiente de a
especie. El protocolo del CSIC, desarrollado principalmente a través del
proyecto RECLAIMED junto al Hospital Clínic de Barcelona y liderado por
investigadores como el Dr. Josep Maria Gili y Ainara Ballesteros, se basa en
estudios in vitro sobre la quimiorrecepción de los cnidocitos. En 2022
evaluaron 31 sustancias y formulaciones sobre la descarga de nematocistos de Pelagia
noctiluca: amoniaco, lejía, zumo de limón, cola, ácido acético, vinagre y
bicarbonato sódico, entre otras.
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| Aclaración: la carabela portuguesa no es una medusa, pero la incluimos en la explicación |
El vinagre (al 4-6%) es el estándar oro por su eficacia
probada contra los cubozoos (como la letal avispa de mar, Chironex fleckeri
-en el Mediterráneo tenemos Carybdea marsupialis-), ya que el ácido
inactiva químicamente los nematocistos no disparados que quedan adheridos a la
piel. Pero la especie protagonista en el Mediterráneo es la Pelagia
noctiluca (medusa luminiscente) y Ballesteros y colaboradores demostraron
que la membrana de sus nematocistos reacciona violentamente a los pH extremos
(<2 y > 11). Así que aplicar ácido acético sobre los tentáculos de
Pelagia producirá una descarga masiva e inmediata del veneno por activación
quimiosensible. Esta medida también se desaconseja para Physalia physalis
(la carabela portuguesa que, dicho sea de paso, no es una medusa).
¿Y el bicarbonato? Para especies como P. noctiluca y Chrysaora
hysoscella puede estar recomendada la utilización de una solución de
bicarbonato sódico al 50% mezclado con agua de mar, con la finalidad de ejercer
una modulación osmótica y del pH local (se trata de conseguir un pH ligeramente
alcalino, en torno a 8, que estabiliza la membrana del cnidocito e inhibe los
receptores químicos) y, al mezclar con agua de mar, se crea una solución
hiperosmolar que deshidrata y encoge físicamente las cápsulas de los nematocistos
no disparados (lo contrario que sucede con el agua dulce, que causa lisis
osmótica y el disparo de la toxina).
Y, por último, la discusión frío- calor. Y es que la
aplicación de temperatura también responde a mecanismos biológicos distintos
según la taxonomía del animal. Así, el frío (hielo seco o envuelto en plástico,
15 minutos) está indicado para Pelagia noctiluca y Rhizostoma pulmo. El frío
local produce una vasoconstricción periférica rápida que ralentiza la absorción
del venenoy reduce la formación de la placa eritematosa inicial, además de
tener un cierto efecto analgésico directo. En cambio, el calor (agua a 40-45ºC,
durante 15-20 minutos) está indicado específicamente para Physalia physalis,
ya que las proteínas y enzimas del veneno de los sifonóforos son termolábiles y
se desnaturalizan estructuralmente a partir de los 40ºC, neutralizando el dolor
casi por completo. También se recomienda calor local para Carybdea
marsupialis.
¿Y si no sabemos qué bicho nos ha picado? En este caso,
aplicaremos el protocolo general, que ya evita el uso de vinagre: salir del
agua, evitar frotar, intentar retirar los restos con pinzas o una tarjeta,
lavar con agua de mar y controlar el dolor (con frío local).
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| Protocolo general |
Si estamos en la consulta, las medidas a tomar son distintas y, en un primer momento, nos centraremos en aliviar el dolor (con frío o calor según el contexto) y en algunos casos puede tener sentido aplicar lidocaína tópica (datos in vitro con P. noctiluca confirman que la lidocaína al 1% evita la descarga de los nematocistos). La analgesia con antiinflamatorios no esteroideos o paracetamol, así como corticoides tópicos y antihistamínicos orales también pueden estar indicados. Los casos más graves pueden precisar corticoides orales.
- Ballesteros A,
Marambio M, Fuentes V, Narda M, Santín A, Gili JM. Differing Effects of Vinegar on Pelagia noctiluca and Carybdea marsupialis
Stings—Implications for First Aid Protocols. Toxins. 2021.
- Ballesteros A, Trullas C, Jourdan E, Gili JM. Inhibition of Nematocyst Discharge from Pelagia noctiluca—Prevention Measures against Jellyfish Stings. Marine Drugs. 2022.
- Li B, Li Y,
Qiu Z, et al. Advances in Jellyfish Sting
Mechanisms and Treatment Strategies. Marine Drugs. 2025.
- McGee RG, Webster AC, Lewis SR, Welsford M. Interventions for the symptoms and signs resulting from jellyfish stings. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2023.
- ICM-CSIC. Guía de identificación de medusas y otros organismos gelatinosos. Protocolos de actuación en playas mediterráneas.




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