El aspecto y el crecimiento de esa mancha oscura en el
hombro de Basilio no auguraban nada bueno y la semana siguiente ya se la
extirpamos sin más complicaciones, confirmándose el diagnóstico de sospecha de
léntigo maligno. El aprendizaje de este caso es que debemos revisar
periódicamente toda la piel de nuestros pacientes de mayor riesgo, aquellos con
más daño solar crónico. Y ahora que nos hemos quedado más tranquilos con el
feliz desenlace, aprovecharemos para repasar estos artículos de S. Gupta
aparecidos recientemente en el mismo número de la revista americana.
El léntigo maligno (LM) corresponde a un precursor
intraepidérmico de un melanoma invasivo que aparece casi exclusivamente sobre
piel con daño solar crónico en pacientes de edad avanzada. Es el melanoma in
situ más frecuente (79-83%), mientras que el léntigo maligno melanoma
representa solo el 4-15% de todos los melanomas invasivos. Un 65.8% de los LM
se diagnostican en hombres y casi siempre de piel blanca y de edad avanzada
(54% en > 70 años). Su incidencia global va en aumento (4.16-5.61/100.000
personas-año), quién sabe si por una mayor exposición al sol, por el aumento de
esperanza de vida o porque los diagnosticamos mejor. Más complicado es estimar
el riesgo de progresión a melanoma invasivo a partir de un LM, ya que la
literatura arroja cifras tan dispares como un 2% hasta un 50%, con unos
periodos de latencia también muy variables. Sin embargo, parece que el riesgo
anual se estima en un 3.5%, con un tiempo medio de 28 años. Esto ya nos da a
entender que es un tumor de crecimiento muy lento, lo que nos suele
proporcionar un amplio margen de maniobra (no todo iba a ser malo).
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| Modelo de progresión del LM (adaptado de Schiffner-Rohe y cols) |
El principal factor de riesgo para desarrollar un LM es la exposición
acumulativa a radiación UV, tanto UVB como UVA. Son pacientes habitualmente de
fototipos bajos con otras lesiones, como queratosis actínicas o carcinomas
epidermoides.
La presentación clínica es una mácula o mancha
hiperpigmentada en áreas expuestas, como la cabeza o cuello. Aunque
inicialmente los bordes pueden ser regulares, con el tiempo, la lesión aumenta
de tamaño y se hace más irregular. La pigmentación heterogénea (desde marrón
claro a gris o negro) es común, así como los tonos rosas o blancos, que indican
regresión. Cínicamente el LM puede confundirse con otras lesiones pigmentadas
que pueden aparecer en el contexto de daño solar crónico, como el léntigo
solar, léntigo simple, léntigo en tinta china, queratosis actínica pigmentada,
queratosis seborreica macular o carcinoma basocelular superficial pigmentado.
El dermatoscopio va a ser nuestro principal aliado para poder diferenciar todas
estas entidades. Debemos tener presente que, dado que la mayor parte de LM se
localizan en la cara, los hallazgos dermatoscópicos también están muy ligados a
esa localización. Lo primero que nos debe llamar la atención son las aperturas
foliculares pigmentadas de manera asimétrica, que traduce la invasión folicular
de los melanocitos, tan característica del LM, incluso en estadios iniciales.
Luego vienen las combinaciones de estructuras y colores, como las estructuras
romboidales oscuras (que si se hallan presentes, son muy específicas, por la
proliferación melanocítica en los espacios interfoliculares), los puntos y
glóbulos gris pizarra (consecuencia de los macrófagos cargados de gránulos de melanina),
aunque estos también pueden observarse en las queratosis actínicas pigmentadas
y en las queratosis liquenoides (pero en el LM son más irregulares), las denominadas
líneas oscuras, las áreas homogéneas (cuando la oclusión de la salida folicular
ya es completa) y las estructuras en isobaras (círculos concéntricos de
pigmento alrededor de las salidas foliculares), pero que también pueden
observarse en lesiones benignas.
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| Table de diagnóstico diferencial en base a criterios dermatoscópicos |
Pero también existen otras técnicas no invasivas que nos
pueden ayudar al diagnóstico, como la sencilla luz de Wood (que, en buenas
manos, puede ser útil para definir los márgenes laterales) y la más
sofisticada, la microscopia de reflectancia confocal (MRC), con una resolución
celular.
Una vez tenemos la sospecha diagnóstica, es el momento de
actuar. Está claro que tendremos que confirmarlo histológicamente y, siempre
que sea posible, deberemos optar por una biopsia escisional completa (ya sea
mediante cirugía, punch o una extirpación tangencial profunda). Lo que sucede
en muchas ocasiones es que estas lesiones pueden ser de un tamaño considerable,
lo que nos obligará a hacer una o varias biopsias incisionales (a veces
múltiples) para confirmar el diagnóstico.
Ahora la pelota está en el tejado del patólogo, quien a
veces, tampoco lo tiene nada fácil. El diagnóstico histopatológico y la
categorización de las proliferaciones melanocíticas juncionales atípicas
relacionadas con la radiación ultravioleta que preceden al léntigo maligno
melanoma (LMM) son difíciles. En la piel dañada por el sol existe un espectro
que va desde un aumento del número de melanocitos agrandados y muy espaciados
en la base de la epidermis (hiperplasia atípica) hasta una proliferación
confluente, lentiginosa y focalmente con proliferación de nidos compuestos por
melanocitos citológicamente atípicos con diseminación pagetoide. La
inmunohistoquímica también es de gran ayuda (SOX-10, MiTF, S100, HMB-45,
Melan-A/MART1, PRAME).
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| Estructuras dermatoscópicas en las lesiones faciales (adaptado del libro "Principios de dermatoscopia" de Malvehy y Puig). |
El tratamiento de elección del LM sigue siendo la cirugía.
En muchos casos seguimos optando por la exéresis convencional, con un margen de
5 a 10 mm siempre que sea posible. Sin embargo, la tendencia del LM a la
extensión subclínica hace que las recurrencias puedan ser del orden del 20%.
Por este motivo, otras técnicas que permiten el control de los márgenes pueden
ser más adecuadas en algunos casos. La cirugía micrográfica de Mohs minimiza la
probabilidad de recidiva. Otro método es la denominada “técnica del spaguetti”,
en la que se realiza el estudio histológico del margen clínico dejando la
lesión central, que se extirpa en un segundo tiempo cuando se confirma que los
márgenes son negativos. Los equipos que disponen de microscopia confocal pueden
hacer un mapeo in vivo de los márgenes del LM, con una excelente correlación histopatológica.
Pero en algunos casos se pueden valorar otras alternativas
no quirúrgicas. De todas ellas la inmunoterapia tópica con imiquimod
seguramente es la más utilizada, aunque debemos advertir de la reacción
inflamatoria que puede ser muy intensa. Las tasas de respuesta completa superan
el 75%. La radioterapia y la terapia fotodinámica son otras posibles opciones
para estos pacientes cuando la cirugía no se pueda llevar a cabo. Por último,
la crioterapia y el láser también pueden tener su papel en el tratamiento de
estos pacientes.
El seguimiento de estos pacientes, una vez tratados, se recomienda cada 6-12 meses durante 1-2 años y posteriormente cada año, ya que las recurrencias pueden ser complicadas de diagnosticar.
Esto es todo por hoy (como veis, le estoy cogiendo el gusto a utilizar Gemini para hacer los esquemas). ¡Hasta el sábado que viene!



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