miércoles, 27 de diciembre de 2023

Cuando los piercings se complican

El piercing consiste en la práctica de perforar una parte del cuerpo para insertar aretes u otras piezas de joyería, aunque en muchas ocasiones se excluye la oreja de esa definición. Es una práctica presente en muchas culturas a lo largo de los siglos, bien por motivos religiosos o espirituales, o como una forma de modificación corporal. En las últimas décadas se ha convertido en una práctica muy común y popular, en ambos géneros, siendo las localizaciones más frecuentes las orejas, boca, nariz, cejas, pezones y genitales. Se estima que el 50% de la población general lleva algún tipo de perforación y, si excluimos las orejas, el 34% de los jóvenes alemanes entre 14 y 24 años llevan un piercing.

Pero el incremento de la popularidad de los piercings también conlleva un aumento de las complicaciones que pueden verse en consulta. Un estudio reveló que el 35% de personas con perforaciones en las orejas y un 30% en cualquier localización presentó alguna complicación asociada. Los potenciales problemas dependen en parte de la zona perforada e incluyen infecciones, hematomas, queloides, dermatitis alérgica de contacto, deformaciones anatómicas y fracturas de piezas dentarias. Dos artículos muy recientes al respecto, de S. Conte (Cutis, 2023) y de A. Sindoni (Public Health, 2022), nos han servido para dar un repaso a este tema y que os paso a resumir a continuación.

 

Ya en el quirófano...

En general, la oreja, la lengua y la cavidad oral son las localizaciones que parecen asociarse a una mayor tasa de complicaciones recogidas en la literatura, siendo las infecciones y el daño tisular las más frecuentes.

Infecciones. Las infecciones locales son, probablemente, la complicación más frecuente de este tipo de prácticas. El traumatismo inicial inherente al propio proceso de perforación, junto con la presencia de un material extraño, son la perfecta combinación para el desarrollo de infecciones, de ahí que los cuidados de la herida sean importantes, junto al mismo proceso de perforación, que debe realizarse con todas las garantías sanitarias. La frecuencia y la gravedad de las infecciones dependen de la localización anatómica, de las medidas higiénicas, del método de perforación, del tipo de material y de los cuidados posteriores. Las zonas con cartílago, como la oreja y la nariz, incrementan la susceptibilidad de esta complicación y de deformidades posteriores. El cartílago es una estructura avascular, y de ahí el riesgo más elevado. Las complicaciones infecciosas se presentan en un 10-30% de los casos, aunque otros estudios recogen una tasa del 45%.

 

Complicaciones sistémicas. Afortunadamente no son las complicaciones más frecuentes, pero sí las más peligrosas. Incluyen embolismos sépticos, shock tóxico estafilocócico, sacroileítis séptica, endocarditis por estafilococo después de piercings nasales o del pezón, endocarditis por Neisseria después de piercings en la lengua o incluso meningitis. Además también está descrita la transmisión de hepatitis víricas y de VIH. Así que de nuevo remarcar la importancia de que estas prácticas se realicen en un entorno estéril.

 

Complicaciones inmuno-mediadas. Un piercing no deja de ser un material extraño y, por tanto, susceptible de provocar una respuesta inmunológica. La más frecuentemente descrita es la dermatitis alérgica de contacto. Evitar los alérgenos, como el níquel y el cromo, es un detalle a tener en cuenta. Por otra parte, las personas con las orejas perforadas tienen más tendencia a ser alérgicas al níquel. Actualmente, el titanio y el acero quirúrgico son los materiales empleados con más frecuencia, por ser más seguros.

 

Daño tisular y problemas locales. Es un problema frecuente en los piercings localizados en la mucosa oral y lengua, con destrucción de piezas dentarias, recesión gingival y otras complicaciones dentales.

 

Proliferaciones y cicatrices. Las más frecuentes, los queloides, sobre todo en los lóbulos de las orejas, tan complicados de tratar. Otras que se engloban en este apartado son los granulomas piógenos, granulomas a cuerpo extraño y, más raramente, neoplasias malignas, como carcinoma basocelular o carcinoma epidermoide.

 

El cuerpo del delito

Lionel no tuvo una buena idea cuando se le ocurrió perforarse con material "de los chinos". Y para terminarlo de arreglar, la piel epitelizó por encima y se le quedó el tornillo dentro, así que no tuvimos más remedio que extirparle todo ese tejido que había proliferado. En el centro, estaba el tornillo metálico. Afortunadamente, no hubo que lamentar otras complicaciones y la cicatriz le quedó bastante disimulada. De la bronca de la madre, no creo que se recupere.

Iba a poneros un vídeo truculento de piercing extremo, pero mejor este otro de auroras boreales.

Spirits from Nicholas Buer on Vimeo.

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