04 noviembre 2020

Onicomicosis: un repaso al tratamiento

No es la primera vez que hablamos de onicomicosis en este blog, ni será la última. Las infecciones por hongos de las uñas están a la orden del día, y como que hace ya tiempo que repasamos los aspectos terapéuticos, he aprovechado este artículo publicado en septiembre de este año de A. K. Gupta en la revista europea de dermatología para haceros un breve repaso actualizado.

La onicomicosis, en particular la onicomicosis distal subungueal, es la enfermedad de la uña más frecuente del mundo mundial, representando el 90% de todas las infecciones del dedo gordo del pie, pudiendo afectar a personas de cualquier edad, aunque la incidencia aumenta estrepitosamente con la edad, con ciertos factores predisponentes que vale la pena tener en cuenta, como traumatismos persistentes sobre la uña, psoriasis, diabetes, infección por VIH, insuficiencia circulatoria periférica, inmunosupresión y el tabaco. Además, algunos factores ambientales, como el ambiente húmedo y el calzado oclusivo también contribuyen a explicar algunos casos. Por supuesto, todas estas condiciones pueden ser las culpables de que el paciente presente recurrencias.

Cuando hablamos de onicomicosis, en general, nos podemos referir a la infección de la uña por cualquier tipo de hongo. El término tinea unguium (tiña ungueal) se refiere en cambio a la infección por hongos dermatofitos, siendo el Trichophyton rubrum el más frecuente, seguido por T. mentagrophytes. Pero no olvidemos el papel que pueden jugar las levaduras (en especial Candida spp.) y algunos mohos no dermatofitos en algunos casos.

Fernanda, al cabo de 6 meses

Clínicamente suele presentarse como una decoloración de la lámina ungueal (amarillenta, blanca o marrón), onicólisis (separación del lecho ungueal), pérdida de brillo y engrosamiento de la uña, que empeoran de manera progresiva, produciendo en ocasiones una onicocriptosis.

El cultivo de la uña se considera el gold standard para asegurar el diagnóstico, y es la única técnica diagnóstica que garantiza la identificación del bicho en cuestión. Lo malo, que tiene bastantes falsos negativos (esto es, que un resultado negativo no excluye la infección). Su sensibilidad se estima entre el 30-57% y además hay que tener en cuenta que tardaremos entre 3-4 semanas en disponer del resultado. Por este motivo, si la sospecha clínica es alta, se recomienda repetir varias veces el cultivo. Después de tres resultados negativos podemos prácticamente excluir la presencia de infección. La técnica del KOH es más inmediata, pero no identifica el hongo y tiene una tasa de falsos negativos del 5-15%. Otras técnicas, como la PCR, la biopsia o la citometría de flujo, no se suelen emplear en práctica clínica.

Pero para hablar de tratamientos, hablemos primero de lo que significa “curación”. Se define como “curación clínica” la desaparición completa de las manifestaciones visibles de la infección, mientras que si decimos “curación micológica” nos referimos a que el cultivo y el KOH son negativos. “Curación total” es la suma de ambas cosas.

Como siempre, antes de escoger la mejor alternativa terapéutica deberemos valorar el perfil beneficio-riesgo en función del paciente que tengamos delante. Los tratamientos sistémicos más utilizados son itraconazol, terbinafina y fluconazol (este último, fuera de ficha técnica en Estados Unidos).

La terbinafina es una alilamina que inhibe la enzima escualeno epoxidasa (o sea, que impide la formación de la membrana celular del hongo). Es muy efectiva contra los dermatofitos y tiene cierta actividad contra los hongos filamentosos, aunque no demasiado contra la Candida. El esquema terapéutico es de 250 mg diarios durante 6 o 12 semanas (según se afecten las uñas de las manos o de los pies, respectivamente). La tasa de curación micológica para las uñas de los pies es del 70% y la curación completa, del 38%. También puede utilizarse en pauta intermitente, en forma de dos ciclos de 250 mg/d durante 4 semanas seguidos de 4 semanas sin tratamiento. Pero no es un medicamento exento de efectos adversos (aunque poco frecuentes): síntomas gastrointestinales, hepatotoxicidad, dolor de cabeza, erupción cutánea y ageusia (pérdida del sentido del gusto, ojo con confundirlo con una manifestación de COVID-19). Se absorbe igual con o sin comida, y se considera por la FDA como de categoría B, siendo excretado por la leche materna, y no recomendándose su uso en embarazadas ni lactantes.

El itraconazol es un triazol que inhibe la enzima 14-alfa-desmetilasa, que también actúa sobre la formación de la membrana fúngica. Se administra en pauta continua a dosis de 200 mg/d durante 12 semanas para las uñas de los pies, existiendo la posibilidad de hacer tratamiento pulsátil de 400 mg al día en dos tomas, 1 semana al mes (esto es, 3 semanas sin tratamiento), dos pulsos para las uñas de las manos y tres para las de los pies. La curación micológica es del 54% y la curación total, del 14%. Sus principales efectos secundarios, los síntomas gastrointestinales, cefalea e infecciones respiratorias del tracto superior. Otros más raros, hipertrigliceridemia y hepatitis (0,5-1% de los pacientes). Incluido en la categoría C de la FDA, debería evitarse el embarazo en los dos meses posteriores a la finalización del tratamiento.

El fluconazol está aprobado en Europa para esa indicación, pero no en Estados Unidos y tiene mayor actividad respecto al itraconazol sobre hongos filamentosos y Candida. A diferencia del itraconazol, su absorción no depende del pH gástrico. Las tasas de curación dependen de la dosis (150-450 mg, una vez por semana, hasta 12 meses), con curación micológica en el 47-62% y clínica 28-36%. No se debe administrar durante el embarazo ni lactancia.

En todos estos fármacos deberemos vigilar de cerca las posibles interacciones medicamentosas (en el caso de la terbinafina con antidepresivos tricíclicos y algunos antiarrítmicos; el itraconazol, con digoxina, benzodiazepinas, bloqueadores de los canales del calcio o inhibidores de la proteasa y el fluconazol con la anfotericina B, benzodiazepinas, bloqueadores de los canales del calcio, fentanilo, anticonceptivos orales, etc.).

Veremos si en los próximos años disponemos de nuevos antifúngicos sistémicos con esta indicación, como el posaconazol, albaconazol, ravuconazol o fosravuconazol.

Los tratamientos tópicos, menos eficaces globalmente, pueden ser una buena alternativa en infecciones incipientes, superficiales o muy distales, o en pacientes polimedicados o con muchas comorbilidades, siendo el cumplimiento terapéutico, junto a su menor eficacia, el mayor problema, ya que deben aplicarse durante al menos 48 semanas. Los más utilizados, ciclopirox y amorolfina. En un futuro, quizá efinaconazol y tavaborol.

Otros tratamientos, como sistemas de láser (1064 nm Nd:YAG, Q-switched) tienen una evidencia más limitada, así como los tratamientos con terapia fotodinámica, aunque podrían ser una alternativa en aquellos pacientes polimedicados o en los que esté contraindicado el tratamiento sistémico.

FInalmente, la avulsión quirúrgica o química (urea al 40%) de la uña afecta puede estar indicada en aquellos casos más rebeldes y con uñas muy engrosadas y dolorosas.

A Fernanda le practicamos un cultivo micológico, que fue positivo para T. rubrum (el KOH también resultó positivo). Le pautamos terbinafina 250 mg/d durante 12 semanas de manera continuada, que toleró sin problemas. Cuando volvió a la visita de control, 6 meses más tarde, pudimos constatar la curación clínica, no siendo necesarias otras intervenciones.

¿Os gustan las mantis? Pues vais a flipar con este vídeo.

REVERENCE | by Zana Briski | Edit Sample from Four a Minute Productions on Vimeo.

31 octubre 2020

Las uñas se me han puesto raras

Fernanda tiene 36 años, trabaja como administrativa en un centro de salud, se considera una persona sana y está harta de las uñas de sus pies. Empezaron a ponerse raras 4 años antes y al principio pensó que se trataba de una infección por hongos, así que consultó a sus compañeros facultativos quienes empezaron a tratarla con esa sospecha clínica: primero con lacas antifúngicas y luego con itraconazol oral, que tomó durante varias semanas (no recuerda cuánto tiempo, pero fueron varias veces a lo largo de los años). A veces habían conseguido que mejoraran un poco, pero luego se volvían a poner feas. Sólo las uñas de los primeros dedos de los pies. Fernanda iba mucho al gimnasio y se duchaba allí, pero últimamente tenía la precaución de no hacerlo descalza. Y aún así, las uñas seguían raras. Al menos no le dolían, pero ya estaba un poco cansada de las lacas de tratamiento y de no poder pintárselas, así que la enviaron al dermatólogo.

Cuando vino a la consulta hacía tiempo que no se ponía nada ni tomaba pastillas. Cuando la exploramos, las primeras uñas de ambos pies presentaban alteraciones parecidas, en forma de una coloración amarillenta de la lámina ungueal que se extendía a la base de la uña del pie derecho y que afectaba casi la mitad de la del pie izquierdo. El resto de uñas estaban razonablemente bien, así como las uñas de las manos y resto de la piel.

Llega nuestro turno. ¿Qué hacemos con esas uñas? ¿Hongos u otra cosa? ¿Mejor hacemos un cultivo? ¿O damos tratamiento del tirón? El miércoles volveremos para resolver este onico-caso (o en este enlace).

Hoy nos despedimos con un vídeo que nos viene al pelo (bueno, a la uña).


28 octubre 2020

Dermatitis alérgica de contacto por aceite del árbol del té

Nuestra primera impresión al ver a Lucía fue un eccema agudo de contacto. Hipótesis que se reforzó mucho cuando su madre nos explicó que le había estado aplicando aceite de árbol del té, además del tratamiento del pediatra,  para intentar acelerar el proceso de curación. Tras esto, la pequeña había empeorado rápidamente.

Melaleuca alternifolia. Foto: Flickr

El aceite del árbol del té es un aceite esencial que puede estar presente en distintos productos de uso habitual, como cosméticos, productos del hogar, aceites de masaje, velas aromáticas, enjuagues bucales o productos de higiene personal. Está compuesto por una mezcla de hidrocarburos terpénicos y alcoholes terciarios, destilada de las hojas del árbol Melaleuca alternifolia, un árbol de origen australiano que pertenece a la familia Myrtaceae e incluye alrededor de 3000 especies.
A este aceite se le atribuyen muchas bondades, entre ellas, capacidad antioxidante, antibacteriana, antifúngica, antiviral, antiprotozoaria y antitumoral. Se suele aplicar de forma tópica para el tratamiento del acné, la dermatitis seborreica, las quemaduras, las infecciones fúngicas e incluso las gingivitis crónicas. Es por todo esto que se ha popularizado mucho su uso en los últimos años y se utiliza a diestro y siniestro. Pero ojo, no todo es oro lo que reluce.


La oxidación del aceite esencial potencia hasta 3 veces su capacidad sensibilizante, es decir, su capacidad de producir reacciones alérgicas,  y puede producirse por su exposición al aire o a la luz. El aceite del árbol del té es tóxico por vía oral y puede causar vómitos, diarrea, alucinaciones o coma. Aunque la aplicación tópica de este aceite se considera segura, se han descrito distintas reacciones cutáneas asociadas a su uso: dermatitis irritativa, prurito, eritema, eritema multiforme-like, enfermedad IgA lineal, reacciones sistémicas de hipersensibilidad y anafilaxia.
El aceite del árbol del té contiene más de 100 componentes, pero en la actualidad existe una norma internacional que establece las cantidades máximas y/o mínimas para 14 componentes de este aceite esencial. Sin embargo, es muy complicado definir cuales son los componentes exactos que causan la dermatitis alérgica de contacto, ya que están presentes más de un centenar de sustancias químicas distintas, con una concentración variable en cada producto comercializado, a lo que se suma, en ocasiones, una utilidad limitada del etiquetado.

Parche + a colofonia
 

Parche + a aceite del árbol del té

Entonces, ¿Qué hicimos con Lucía?

Bueno, para distinguir si ese eccema agudo era irritativo o alérgico, le realizamos las pruebas epicutáneas, es decir, los parches de toda la vida.  Aplicamos la batería estándar del GEIDAC (Grupo español para la Investigación de la Dermatitis de Contacto y Alergia Cutánea) y las series de plantas y cosméticos (Chemotechnique Diagnostic®). Adicionalmente, se realizo un estudio con alpha-pineno y limoneno, componentes del árbol del té de los que disponíamos. Se hicieron lecturas a las 48 horas y a las 96 horas, según los criterios del ICDRG (International Contact Dermatitis Research Group), y se encontraron resultados positivos para la colofonia, en la serie estándar y para el aceite del árbol del té, en la serie de cosméticos.

Las reacciones positivas al aceite del árbol del té al 5% y a la colofonia al 20%, fueron consideradas como relevancia presente y reacción cruzada respectivamente. El diagnostico definitivo fue de dermatitis alérgica de contacto al aceite del árbol del té.

¿Cómo la tratamos?

Ese primer día que la vimos le retiramos el antifúngico tópico y el aceite del árbol del té y le recomendamos aplicar fomentos de Septomida 3 veces al día, para disminuir la exudación, un corticoide de moderada potencia 2 veces al día, antibiótico oral y antihistamínico oral.  Lucía se recuperó poco después de empezar el tratamiento y de dejar de aplicar el aceite del árbol del té.

Referencias

1- Crawford GH, Sciacca JR, James WD. Tea tree oil: cutaneous effects of the extracted oil of Melaleuca alternifolia. Dermatitis. 2004 Jun;15(2):59–66.
2- Pazyar N, Yaghoobi R, Bagherani N, Kazerouni A. A review of applications of tea tree oil in dermatology. International Journal of Dermatology. 2013 Jul;52(7):784–90.
3-Aberer W. Contact allergy and medicinal herbs. JDDG. 2007 Oct 5;0(0):071005084210002.
4- Rutherford T, Nixon R, Tam M, Tate B. Allergy to tea tree oil: Retrospective review of 41 cases with positive patch tests over 4.5 years: Allergy to tea tree oil. Australasian Journal of Dermatology. 2007 May;48(2):83–7.
5-Hammer KA, Carson CF, Riley TV, Nielsen JB. A review of the toxicity of Melaleuca alternifolia (tea tree) oil. Food and Chemical Toxicology. 2006 May;44(5):616–25.
6- Khanna M, Qasem K, Sasseville D. Allergic contact dermatitis to tea tree oil with erythema multiforme-like id reaction. Am J Contact Dermatitis. 2000 Dec;11(4):238–42.

Quiero de nuevo agradecer a Nieves Martínez Campayo, residente de 4º año del Complejo Universitario Hospitalario de A Coruña, por su amabilidad al haber accedido a explicarnos aquí este ilustrativo caso clínico.

Para terminar, un vídeo para la reflexión. Porque la COVID-19 lo ocupa todo, pero no debemos olvidar que cuando podamos controlar al virus, seguiremos necesitando un mundo donde vivir.

Life Below Water: The Arrival of a New Species from Hot Fuss Films on Vimeo.

24 octubre 2020

Me escuecen los pies

Me escuecen los pies”, eso fue lo que nos dijo Lucía el día que la vimos en la consulta. Lucía acababa de volver de un campamento de verano cuando comenzó con descamación y fisuras entre los dedos de los pies. Su madre la llevó al pediatra y fue diagnosticada de pie de atleta. A Lucía le recetaron antifúngicos y corticoides tópicos durante unas semanas, pero a los pocos días de empezar el tratamiento, la cosa empeoró.


Cuando la vimos en la consulta, tanto Lucía como su madre estaban muy asustadas. Lucía tenía un picor y un escozor insoportable y en la exploración pudimos ver un eccema muy grande que le iba desde el dorso hasta la planta de los pies. Aparte de la molestia, Lucía se encontraba perfectamente, no había tenido fiebre ni malestar general. Además, era una niña muy sana sin ningún otro problema de salud.

Nuestro instinto arácnido nos puso en modo detective y tras mucho insistir su madre nos contó que además del tratamiento del pediatra le había estado aplicando un producto natural para ayudar a eliminar los hongos. ¿Qué hacemos ahora? ¿Pensamos en que esa tiña ha ido mal con el tratamiento o nos planteamos otras alternativas? ¿Creéis que podríamos beneficiarnos de alguna prueba diagnóstica? ¿Cómo lo tratamos?

Bueno, pues el caso de esta semana nos lo trae Nieves Martínez Campayo, residente de 4º año de Dermatología en el Complejo Universitario de A Coruña, así que el vídeo se lo dedicamos a nuestros amigos gallegos. Para la solución, tendremos que esperar pacientemente al miércoles (o en este enlace).

Maxia Natural, Parques de Galicia from wwwLUZLUXcom on Vimeo.

21 octubre 2020

La dermatoscopia de un queratoacantoma

Un queratoacantoma es una variante bien diferenciada de un carcinoma de células escamosas, pero con un comportamiento clínico peculiar que lo hace “menos malo”: crece muy rápido, a lo bestia, pero después (en semanas o pocos meses) involuciona espontáneamente y desaparece. ¿Un cáncer que se cura solo? Podríamos decir que sí, aunque hay opiniones para todos los gustos. Lo malo es que cuando está creciendo es muy llamativo y (aunque el aspecto clínico nos puede orientar bastante), no podemos estar completamente seguros de que no se trata de un carcinoma epidermoide “de los malos”, así que en la mayoría de las ocasiones intentamos su extirpación siempre que sea posible (o incluso otros tratamientos no quirúrgicos).

Por supuesto la anatomía patológica nos va a ayudar, y mucho, pero claro, para eso necesitamos extirpar la lesión, así que tendríamos el diagnóstico a posteriori (y una biopsia incisional no suele ser suficiente para realizar un diagnóstico certero), así que bienvenidas sean las herramientas diagnósticas no invasivas, como la dermatoscopia, para echarnos un cable en esa primera visita.


La clínica también ayuda, claro. Suelen ser lesiones solitarias, que aparecen habitualmente en zonas fotoexpuestas en pacientes adultos de piel clara, de más de 55 años (más frecuentes a mayor edad), como un nódulo que crece rápidamente en pocas semanas, de consistencia firme y un centro queratósico o costroso, que si las dejamos involucionarían espontáneamente en semanas o pocos meses, dejando a veces una cicatriz en la zona.

Dermatoscópicamente se caracteriza por una masa central de queratina sin estructuras dermatoscópicas de color amarillento o marrón que típicamente se rodea de telangiectasias alargadas que pueden ser bastante gruesas. Estos vasos pueden ser en forma de horquilla o más lineales e irregulares (como en serpentina). Si nos fijamos con detenimiento un halo blanco-amarillento los rodea. También pueden verse vasos glomerulares, así como estructuras perladas rodeadas de un círculo blanquecino.

Claro que si os digo que la presencia de todos estos hallazgos dermatoscópicos tampoco excluye un carcinoma escamoso agresivo, nos quedamos un poco igual, ¿no? Hace algunos años Rosendahl y colaboradores publicaron un estudio junto a los italianos en Archives of Dermatology (2012) analizando 186 pacientes con 206 lesiones no pigmentadas, entre las que había 29 queratoacantomas y 32 carcinomas escamosos invasivos, intentando ver las diferencias dermatoscópicas. La queratina central fue más frecuente en el queratoacantoma (51% vs 32%, p=0.03), claro que para eso tampoco es que se necesite un dermatoscopio. Los círculos blancos también fueron muy específicos (87%) pero de ambos tipos de lesiones. Total que nos tendremos que seguir basando en la clínica, ya que la dermatoscopia no va a ser de gran ayuda para diferenciar un queratoacantoma de un carcinoma epidermoide, aunque sí que nos va a ayudar para hacer el diagnóstico diferencial de otros tipos de tumores nodulares no pigmentados (carcinoma basocelular no pigmentado, melanoma amelanótico, carcinoma de células de Merkel, etc.).

A Jenaro le extirpamos el tumor y todo salió según lo previsto. La biopsia fue de queratoacantoma y un año más tarde, no le ha vuelto a salir nada raro, así que todos contentos.

Y para despedirnos, hoy la cosa va de crustáceos.

ARTHROPODA CRUSTACEANS from 90 Grados Norte on Vimeo.

17 octubre 2020

Un bulto en el cuello

Jenaro entró en la consulta muy asustado, y es que ese bulto que le había salido en el cuello no podía ser nada bueno. Tenía 55 años y nunca había necesitado un dermatólogo (la verdad es que apenas conocía a su médico de familia, ya que afortunadamente se consideraba una persona muy sana). Pero desde que le salió ese bulto, un mes atrás, ya no estaba tan seguro.

Cuando nos acercamos un poco pudimos observar una lesión nodular en la región látero-cervical izquierda, de consistencia firme, pero que no parecía adherida a planos profundos, con la zona central costrosa y los bordes más eritematoso. Aparte de la costra negra, no tenía pigmento y medía unos 15 mm aproximadamente. La imagen dermatoscópica llamaba la atención por unos vasos gruesos dispuestos “en corona” y cuando le exploramos, Jenaro no tenía otras lesiones fuera de lo normal en otras localizaciones. Nos dijo que le empezó “como un granito” pero que en pocos días empezó a crecer de manera muy rápida (y de hecho le seguía creciendo día a día). Aparte de un picor bastante soportable, no tenía otras molestias.

Imagen dermatoscópica

Así que debemos tomar una decisión. ¿Qué hacemos con el bulto de Jenaro? ¿Biopsia? ¿Directo al quirófano? ¿Nos atrevemos con un diagnóstico o esperamos el dictamen del patólogo? ¿La dermatoscopia nos ayuda o nos despista aún más? La respuesta el miércoles, o en este enlace.

Pocas cosas relajan más bajo el agua que meterse en un banco de barracudas.

Barracuda from Claudio Valerio on Vimeo.

14 octubre 2020

Liquen plano, uñas menguantes

El liquen plano es una dermatosis inflamatoria que afecta entre el 0,5 y el 1% de la población y que puede ser muy sencilla de diagnosticar, si se presenta en alguna de sus formas más típicas (las clásicas pápulas aplanadas pruriginosas poligonales violáceas) o tremendamente complicado en sus formas de presentación menos frecuentes, sobre todo cuando no tenemos las típicas lesiones en las que apoyar nuestra sospecha diagnóstica. Esas otras formas de presentación (que en no pocas ocasiones pueden coexistir) incluyen el liquen plano oral, ungueal, lineal, anular, atrófico, hipertrófico, invertido, ampolloso, ulcerativo, pigmentoso, liquen plano pilar, vulvovaginal, actínico, síndrome de superposición liquen plano- lupus eritematoso y liquen plano penfigoide.

El liquen plano puede afectar a pacientes de cualquier edad, aunque el 95% de casos se presentan en adultos, especialmente entre la tercera y sexta décadas de la vida. Sin preferencia de género (aunque algunos estudios sugieren que es más frecuente en mujeres), tampoco tiene una predilección “racial”, aunque algunas formas clínicas son especialmente frecuentes en ciertos tipos de piel (como el liquen plano hipertrófico, en pieles más oscuras).

Pero hoy estamos hablando de uñas, así que nos centraremos en esa curiosa manifestación del liquen plano (y no es la primera vez que hablamos de ello, ya expusimos un caso hace algunos años en este blog). Y es que el liquen plano ungueal es una manifestación frecuente (si se busca) de las formas diseminadas de la enfermedad, aunque (y eso dificulta mucho el diagnóstico) las uñas pueden ser la única afectación en algunos pacientes. El liquen plano ungueal aparece con mayor frecuencia entre la 5ª y 6ª décadas de la vida y afecta por igual a hombres y mujeres.

Típicamente se afectan más las uñas de las manos que las de los pies. Podemos observar estrías longitudinales, pitting, onicorrexis, onicosquisis (cuando la lámina ungueal se “abre” en su parte más distal) y coloración marronácea. También puede observarse traquioniquia (esas estrías longitudinales, con un aspecto deslustrado de la lámina ungueal) y onicólisis (despegamiento distal), incluso hemorragias en astilla. Si no se trata (y en ocasiones pese al tratamiento) las lesiones pueden evolucionar a una anoniquia (pérdida total de la uña), con o sin pterigium (como en el caso de Sergio). Por todo ello es importante realizar un diagnóstico precoz, ya que es al principio cuando algunos tratamientos pueden ser efectivos, como los corticoides potentes (en oclusión o inyección intralesional). Si la situación lo requiere también pueden estar indicados los tratamientos sistémicos, aunque las recurrencias son frecuentes.

En caso de duda, una biopsia nos puede ayudar (mucho más fácil si tenemos lesiones cutáneas accesibles).

A Awa no le hicimos ninguna prueba, basamos nuestro diagnóstico de sospecha en la exploración y en la historia de esa erupción cutánea que podía ser compatible con un liquen plano (así que todo es discutible). La afectación de las uñas estaba muy avanzada y finalmente decidimos, conjuntamente con la paciente, no realizar ningún tratamiento específico.

Hoy recorremos Portugal, de norte a sur. Hasta el sábado.

IMERSÃO from Morgan Jouquand on Vimeo.

10 octubre 2020

No tengo uñas

En realidad la consulta de Awa obedecía más a la curiosidad de su médico de familia que a la demanda de la propia paciente, quien ya se había acostumbrado a verse las uñas de esta guisa (más bien a no vérselas). Awa, de 41 años, natural de Senegal y residente en España desde hacía ya 10 años, nos explicó que las uñas “se le habían puesto raras” hacía más de 15 años, hasta que “le desaparecieron” la mayor parte de ellas, tanto en las manos (donde conservaba las de los pulgares) como en los pies. No recordaba molestias ni inflamación previas, pero cuando le preguntamos por otra clínica dermatológica nos explicó que antes que eso le había salido una extraña erupción en el tronco y extremidades, con mucho prurito que costó más de un año que desapareciera, aunque en algunas zonas le habían quedado unas manchas blancas persistentes.

Así que tenemos a una paciente de mediana edad y piel negra con algo que ha pasado hace tiempo a raíz de lo cual se ha quedado sin la mayoría de sus uñas. El resto de exploración es normal, así que aquí vienen las preguntas. ¿Qué le pasa a Awa? ¿Podemos ponerle un nombre? ¿O le empezamos a pedir pruebas? ¿Le ponemos tratamiento?

El miércoles estaremos aquí de nuevo intentando resolver este curioso caso (o en este enlace). Mientras, no os mordáis las uñas de la impaciencia. Por cierto, ésta es la entrada nº 1000 del blog desde su inició allá por el año 2011, así que estamos de celebración. A por otras 1000 más, que hay derma para rato. A vosotros, gracias por estar siempre ahí.

Hoy nos despedimos con un corto de animación muy playero, de cuando el COVID19 no dominaba nuestras vidas.

HEATWAVE (2019) from Fokion Xenos on Vimeo.