miércoles, 21 de octubre de 2020

La dermatoscopia de un queratoacantoma

Un queratoacantoma es una variante bien diferenciada de un carcinoma de células escamosas, pero con un comportamiento clínico peculiar que lo hace “menos malo”: crece muy rápido, a lo bestia, pero después (en semanas o pocos meses) involuciona espontáneamente y desaparece. ¿Un cáncer que se cura solo? Podríamos decir que sí, aunque hay opiniones para todos los gustos. Lo malo es que cuando está creciendo es muy llamativo y (aunque el aspecto clínico nos puede orientar bastante), no podemos estar completamente seguros de que no se trata de un carcinoma epidermoide “de los malos”, así que en la mayoría de las ocasiones intentamos su extirpación siempre que sea posible (o incluso otros tratamientos no quirúrgicos).

Por supuesto la anatomía patológica nos va a ayudar, y mucho, pero claro, para eso necesitamos extirpar la lesión, así que tendríamos el diagnóstico a posteriori (y una biopsia incisional no suele ser suficiente para realizar un diagnóstico certero), así que bienvenidas sean las herramientas diagnósticas no invasivas, como la dermatoscopia, para echarnos un cable en esa primera visita.


La clínica también ayuda, claro. Suelen ser lesiones solitarias, que aparecen habitualmente en zonas fotoexpuestas en pacientes adultos de piel clara, de más de 55 años (más frecuentes a mayor edad), como un nódulo que crece rápidamente en pocas semanas, de consistencia firme y un centro queratósico o costroso, que si las dejamos involucionarían espontáneamente en semanas o pocos meses, dejando a veces una cicatriz en la zona.

Dermatoscópicamente se caracteriza por una masa central de queratina sin estructuras dermatoscópicas de color amarillento o marrón que típicamente se rodea de telangiectasias alargadas que pueden ser bastante gruesas. Estos vasos pueden ser en forma de horquilla o más lineales e irregulares (como en serpentina). Si nos fijamos con detenimiento un halo blanco-amarillento los rodea. También pueden verse vasos glomerulares, así como estructuras perladas rodeadas de un círculo blanquecino.

Claro que si os digo que la presencia de todos estos hallazgos dermatoscópicos tampoco excluye un carcinoma escamoso agresivo, nos quedamos un poco igual, ¿no? Hace algunos años Rosendahl y colaboradores publicaron un estudio junto a los italianos en Archives of Dermatology (2012) analizando 186 pacientes con 206 lesiones no pigmentadas, entre las que había 29 queratoacantomas y 32 carcinomas escamosos invasivos, intentando ver las diferencias dermatoscópicas. La queratina central fue más frecuente en el queratoacantoma (51% vs 32%, p=0.03), claro que para eso tampoco es que se necesite un dermatoscopio. Los círculos blancos también fueron muy específicos (87%) pero de ambos tipos de lesiones. Total que nos tendremos que seguir basando en la clínica, ya que la dermatoscopia no va a ser de gran ayuda para diferenciar un queratoacantoma de un carcinoma epidermoide, aunque sí que nos va a ayudar para hacer el diagnóstico diferencial de otros tipos de tumores nodulares no pigmentados (carcinoma basocelular no pigmentado, melanoma amelanótico, carcinoma de células de Merkel, etc.).

A Jenaro le extirpamos el tumor y todo salió según lo previsto. La biopsia fue de queratoacantoma y un año más tarde, no le ha vuelto a salir nada raro, así que todos contentos.

Y para despedirnos, hoy la cosa va de crustáceos.

ARTHROPODA CRUSTACEANS from 90 Grados Norte on Vimeo.

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