miércoles, 29 de octubre de 2014

Léntigos seniles: también son del sol

No había ninguna duda: las lesiones en las manos de Leonor (y las del escote y la cara) correspondían a los denominados léntigos solares, tan frecuentes en nuestros pacientes mayores de 60 años.
Son lesiones benignas, también llamadas léntigos seniles, lo que nos da una pista acerca de su epidemiología. Efectivamente, la prevalencia de estas lesiones se correlaciona directamente con la edad de los pacientes, de modo que alrededor del 90% de personas blancas de más de 60 años (no necesariamente pacientes) los presentan en mayor o menos número. Son más frecuentes en personas de fototipo bajo (pieles claras).

Pero si la edad tiene relación con la aparición de léntigos solares, lo es en la medida en que a mayor edad, más radiación ultravioleta acumulada (a partir de la exposición solar, pero también por el uso de cabinas de bronceado). Por tanto, se consideran un marcador de fotoenvejecimiento.
Los léntigos seniles son diferentes a las efélides (pecas), las cuales tienen un mayor componente genético y aparecen en niños y jóvenes de piel clara (aunque su localización y densidad también se correlaciona con la fotoexposición).

Léntigo solar (o queratosis seborreica plana, a veces no son fáciles de distinguir)

Clínicamente aparecen en personas adultas en personas de piel clara, en áreas expuestas al sol (dorso de manos, escote, cuello y cara, fundamentalmente). Una vez aparecen, suelen permanecer más o menos estables en el tiempo.
Consisten en máculas pigmentadas, en número variable, de un tamaño que va desde 1 mm hasta unos pocos centímetros de diámetro, de contorno liso o irregular, con tendencia a confluir en aquellas zonas muy dañadas por el sol (como en nuestra paciente). Suelen ser de color marrón claro, pero hay variedades de color negro (léntigo en tinta china). Cuando los exploramos con el dermatoscopio, generalmente vemos una reticulado uniforme. Algunas lesiones no visibles pueden ponerse en evidencia utilizando la luz de Wood.
Por sí mismos no tienen mayor importancia, pero los pacientes con una cantidad importante de léntigos solares pueden tener mayor riesgo para desarrollar lesiones malignas.

Desde el punto de vista histológico se observa elongación de las crestas interpapilares epidérmicas, epidermis adelgazada o atrófica y un aumento de la cantidad de melanocitos epidérmicos sin formación de nidos, con un infiltrado mononuclear perivascular escaso o moderado en dermis, con macrófagos dispersos cargados de melanina.

Aunque el diagnóstico casi siempre es sencillo (pocas veces tendremos que recurrir a la realización de una biopsia), en ocasiones se establece el diagnóstico diferencial con queratosis seborreica reticular, léntigo simple, efélide, nevo melanocítico juntural, queratosis actínica pigmentada o léntigo maligno (en estos casos la dermatoscopia es de gran ayuda).

Existen pocos estudios clínicos a largo plazo para conocer la evolución de estas lesiones, aunque se asume que persisten de manera indefinida.
Por lo general, no requieren ningún tipo de tratamiento, salvo por motivos estéticos, aunque sí deberemos insistir en la fotoprotección. Las cremas despigmentantes no suelen ser eficaces, así que en caso de plantearse realizar algún tipo de tratamiento (habitualmente en el ámbito privado) tendrá que ser con métodos físicos: crioterapia, ácido tricloroacético o, más frecuentemente, láser o luz pulsada intensa. En cualquier caso habrá que advertir al paciente que las lesiones tienen tendencia a reaparecer si no se toman las medidas adecuadas de fotoprotección.
Así se lo explicamos a Leonor, pero no sabemos si se llegó a realizar algún tipo de tratamiento.

Y mientras Leonor se decide o no, yo estoy en El Hierro haciendo lo que más me gusta.


El Hierro Open Fotosub 2014 from Villoch on Vimeo.

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