miércoles, 12 de septiembre de 2012

Efélides: esas manchas no tan inocentes

Nomenclatura de andar por casa:
  • Peca = efélide (en inglés, freckle)
  • Lunar = nevus melanocítico (en inglés, mole).
Y con esto podríamos dar por terminada la entrada de hoy. ¿Seguro? Bueno, las pecas o efélides son comunes en personas de piel clara, sobre todo en pelirrojos (fototipos I y II). No se encuentran presentes en el nacimiento, pero pueden empezar a aparecer a partir de los 3 años de vida.

La pigmentación que se observan en estas manchas que dan ese aspecto tan “gracioso” a los niños es el resultado de la melanogénesis inducida por la exposición solar y la transferencia de un elevado número de melanosomas desde los melanocitos a los queratinocitos.
Las efélides, por tanto, se observan sólo en áreas fotoexpuestas del cuerpo, en especial la cara (mejillas y nariz), dorso de extremidades superiores y tercio superior del tronco. No aparecen en las mucosas. Se trata de máculas (nunca con relieve) bien delimitadas, de forma ovalada, a veces de bordes algo irregulares, de 1-3 mm de diámetro (en ocasiones algo mayores). El color puede variar en función de la intensidad de la exposición solar, desde marrón muy claro a más oscuro, pero nunca adoptan color negruzco (a diferencia de los léntigos simples o nevus juncionales).

Múltiples efélides, y algún nevus y léntigo más aislados

Pueden incrementar su número y distribución con la edad, y a veces confluyen, aunque se ha observado que pueden ir desapareciendo en edades avanzadas.

Pero, ¿son peligrosas? En realidad, no. Es decir, no por sí mismas (una peca no va a malignizar), de modo que no son un precursor de melanoma ni de cáncer cutáneo de otro tipo. Sin embargo, las efélides sí que constituyen un marcador de daño actínico y, por tanto, sí se consideran un factor de riesgo para el desarrollo de neoplasias cutáneas.
En un estudio sobre 195 pacientes diagnosticados de melanoma maligno que se llevó a cabo en Reino Unido, la densidad de efélides en cara y brazos fue significativamente mayor que el número de nevus melanocíticos. En otro estudio, ajustando por otros factores (nevus, quemaduras solares previas, fototipo), aquellos pacientes con mayor densidad de efélides tuvieron un odds ratio de 6.0 para desarrollar melanoma comparados con otros con pocas efélides.

¿Y si hiciéramos una biopsia? La verdad es que a nadie se le ocurre hacer una biopsia de una peca, pero en este caso veríamos que la epidermis muestra una configuración normal, aunque los queratinocitos presentan un elevado contenido en melanina, sobre todo en la capa basal. Ocasionalmente podríamos ver melanófagos en dermis papilar. El número de melanocitos no se encuentra aumentado, pero son de mayor tamaño y con mayor actividad respecto a los de la piel adyacente.

El diagnóstico diferencial podría estar entre un léntigo simple (no necesariamente relacionado con la exposición solar, de color más oscuro, y que además puede presentarse en mucosas), léntigo solar o mancha café con leche (de mayor tamaño).

¿Y la actitud terapéutica? Desde luego no hay necesidad de hacer nada, a excepción de recomendar fotoprotección. Si al paciente le molestan desde un punto de vista estético, se han obtenido resultados variables con hidroquinona, retinoides tópicos, crioterapia o láser.  En el caso de Bruno, por su fototipo y por la presencia de nevus melanocíticos, le recomendamos revisiones periódicas.

Esto es todo por hoy. Atentos el sábado que viene. Hoy os dejo con un vídeo de nubes australianas.


Chasing the storm from Nathan Kaso on Vimeo.

1 comentario:

  1. Hablando de efélides, un pelirrojo cubierto de ellas acude al confesionario, se arrodilla junto al cura y se queda ahí, en silencio.
    Algo sorprendido, y para romper el hielo, el cura le pregunta:
    - "Hijo mío, ¿pecas?"

    - "Si, ¡¡Hasta en el culo padre!!"

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