miércoles, 20 de marzo de 2019

Talón negro: sangre atrapada en la capa córnea

Noelia no tenía ninguna verruga, sino algo mucho más propio de una deportista y mucho más banal: hablamos de “talón negro” y lo encontraréis también con el nombre de “black heel”, “talon noir”, “petequias del calcáneo”, “talón de tenista”, “purpura traumatica pedis”, “hiperqueratosis hemorrágica” y aún me dejo alguno. Demasiados nombres para tan poca cosa. A estas alturas podréis adivinar que el talón negro no es ninguna enfermedad, sino una consecuencia de la práctica de actividades deportivas que impliquen un roce continuado en una superficie cutánea queratósica. Si conocéis la entidad, os evitaréis derivaciones innecesarias al dermatólogo, así que vamos allá.

Los talones de Noelia

El talón negro fue descrito por primera vez por Crissey y Peachey en 1961 en un grupo de jugadores de baloncesto y ellos lo bautizaron con el nombre de “petequias del calcáneo”. Desde entonces se ha descrito en los pies (y también en manos) de gimnastas, jugadores de fútbol, voleibol, balonmano, escaladores, golfistas, tenistas, levantadores de pesas… incluso en jugadores de la PlayStation (os lo juro, aquí os dejo el artículo) y en otras actividades menos glamourosas, como pasar la fregona o barrer. La causa, más que un traumatismo, es una fricción lateral y repetida en esa piel “encallecida”.

A consecuencia del sangrado por este tipo de actividades en la dermis papilar, la gruesa capa córnea en esas localizaciones tiene como consecuencia la eliminación transepidérmica de esa sangre o incluso en la penetración a través de los ductos ecrinos, resultando en depósitos intracórneos de material hemático.

Imagen dermatoscópica del talón izquierdo.

Aparece sobre todo en adolescentes y adultos jóvenes que practican deportes o actividades que se asocian a comienzos rápidos, frecuentes y bruscos, paradas y desplazamientos laterales, como tenis, baloncesto, balonmano, voleibol, fútbol, etc. En un estudio sobre casi 600 deportistas de diferentes deportes se encontró una incidencia de este “problema” del 2,85%. Las lesiones suelen ser completamente asintomáticas y se manifiestan como pequeñas hemorragias punteadas, a menudo siguiendo un patrón lineal, que afectan la región póstero-lateral del talón. De manera similar y como hemos comentado al principio, también se han descrito en las palmas o pulgares de las manos (jugadores de tenis, levantadores de pesas, golfistas, escaladores, etc.).

El diagnóstico es sencillo y en caso de duda se puede eliminar con un bisturí esa capa córnea afecta. Si aún tenemos dudas (y medios para hacerlo), podemos enviar esos pellejillos al laboratorio para su estudio histológico. La tinción con benzidina es un método eficiente para demostrar la presencia de hemoglobina. Pero afortunadamente tenemos ojos y un dermatoscopio y no suele hacer falta enviar nada al laboratorio de Anatomía Patológica. Con el dermatoscopio podemos apreciar casi siempre esos puntos rojos-negruzcos homogéneos con lesiones satélite separadas de la lesión. Cuidado porque cuando el pigmento es más homogéneo, adopta un patrón dermatoscópico paralelo a la cresta que nos puede despistar y confundir con un melanoma acral. Del tratamiento no digo nada, porque no es necesario.

En el caso de Noelia, nos quedamos muy tranquilos después de la exploración visual y dermatoscópica, raspamos un poquito para que viera que era “sangre en el callo” y a casa (o a entrenar).

Hoy nos vamos hasta Madeira. Enjoy!

Memories of Madeira from Eva Winter on Vimeo.

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