Iván es un chico de 21 años, deportista (juega a fútbol en un equipo del barrio), que nos consulta derivado por su médico por diversas lesiones que se localizan en la planta del pie izquierdo, y que le molestan a la presión y al caminar o correr.
No recuerda exactamente desde cuándo las tiene, cree que hace unos 4 meses. Hace unos dos meses le enseñó el pie al farmacéutico, le dijo que eran verrugas y se compró un conocido producto en la farmacia que, según el anuncio de la tele, las elimina en una sola aplicación. Pero como que seguían creciendo después del tratamiento, pidió cita a su médico de familia. Después lo entendió mejor. “Claro, no se han curado, porque lo que tienes son papilomas”, así que volante y al dermatólogo.
De manera tenemos a Iván y sus dudas acerca de si lo que tiene son verrugas o papilomas.
De nuevo un casito sencillo, pero que diariamente nos ocasiona a nosotros y a nuestros pacientes cefaleas recurrentes. Y ahí van las preguntas: ¿verruga o papiloma? ¿qué le hacemos a Iván? Y si no lo tratamos, ¿pasa algo? ¿y si nos dice que dentro de tres días se va a recorrer el Camino de Santiago? ¿o le mandamos al podólogo? ¿hay podólogos en la Seguridad Social?
Y si alguien quiere añadir un puntito de humor, ¿qué es lo más alucinante con lo que un paciente ha pretendido curarse sus verrugas?
¿Demasiadas preguntas para un caso tan fácil? Algunas respuestas, este miércoles o en el link.

