Javier es un chico de 29 años, que viene a la consulta porque su médico de familia le ha dicho que tiene “hongos en la piel”.
Está claro que no es nada grave, pero está un poco harto porque, en los últimos 3 años le ha pasado en 4 ocasiones, y aunque con el tiempo las lesiones se llegan a curar con una crema antifúngica (en una ocasión le llegaron a dar unas pastillas), al cabo de los meses (sobre todo en verano), le vuelven a salir. No es que le piquen (sólo un poco, al principio), pero le preocupa contagiar a su novia, y por este motivo mantienen una serie de precauciones, como no compartir la toalla, o incluso lavar la ropa aparte. Además, las lesiones son bastante evidentes, y en el gimnasio han suscitado algunos comentarios entre los compañeros. En definitiva, está hasta las narices de esos hongos y quiere terminar con ellos a toda costa, así que su médico le ha remitido al dermatólogo para ver si nosotros podemos hacer alguna cosa más.
Clínicamente podéis ver que las lesiones eran unas pápulas y placas confluyentes que se iban aclarando por el centro, ligeramente descamativas en la periferia, aunque Javier nos cuenta que cuando le empiezan a salir, al principio, son de un tono más rojo-marrón.
Esta semana os explico este caso por ser extremadamente frecuente, sobre todo en las consultas de atención primaria, y aunque el diagnóstico debería ser sencillo, hay algunos temas que no está de más aclarar, así que, aparte de adivinar el diagnóstico exacto, allá van las preguntas que nos formula Javier:
¿De verdad es un hongo? ¿es contagioso? ¿qué tratamiento recomendaremos? ¿cuándo hay que dar tratamiento por vía oral? ¿se puede prevenir de alguna manera? ¿alguna exploración complementaria, o no hace falta? ¿puede tomar el sol? ¿se llegarán a ir las manchas? ¿existe algún tratamiento “definitivo”?
¿Podremos - en el caso de atención primaria- contestar a todas esas preguntas, pautar y explicar el tratamiento en 5 minutos? La solución, el miércoles, o en el enlace.