miércoles, 28 de octubre de 2015

Tricomicosis axilar: otra vez las corinebacterias

La tricomicosis axilar (o tricobacteriosis) es una infección bacteriana relativamente frecuente que afecta el vello axilar (y en ocasiones también púbico), producida por bacterias del género Corynebacterium spp. Es más frecuente en personas que viven en ambientes húmedos y climas cálidos, así como en aquellas con una higiene deficiente, siendo algo más prevalente en hombres que en mujeres.

El motivo de consulta suele ser el mal olor del sudor (bromhidrosis), aunque es lógico que muchas personas que lo padecen ni siquiera consulten al médico por este motivo. Y por este motivo, cuando un paciente se queje de que “le huele el alerón”, no está de más armarse de valor y explorarlo de cerca en vez de (o además de) recetarle un buen desodorante o una infiltración de Botox. El olor es debido en parte a la metabolización de la testosterona presente en la secreción apocrina por parte de las bacterias (típicamente Corynebacterium tenuis) en compuestos que producen ese olor característico.

Imagen tomada con luz de Wood (con el teléfono móvil)

Y es que, si nos fijamos bien, podremos apreciar unas concreciones marrones o amarillentas adheridas a la porción central del vello, lo que le confiere un aspecto engrosado, como arrosariado.
Si nos quedan dudas y andamos sobrados de tiempo y ganas, podemos asegurar el diagnóstico a través de la lámpara de Wood, ya que el pelo afecto produce una fluorescencia amarillenta, aunque débil. Y si tenemos un microscopio a mano, podemos hacer un examen directo con KOH y veremos con más detalle esa sustancia amarillenta que envuelve el pelo pero sin invadir el córtex. Ante todos estos hallazgos (simplemente el examen clínico) el cultivo no es necesario para realizar un diagnóstico correcto.

Examen directo con KOH de uno de los pelos (capturada con el teléfono)

Aún así, el diagnóstico diferencial puede plantearse con la piedra (entidad también denominada tricomicosis nodular, que es una infección fúngica superficial provocada por Piedraia hortae o por Trichosporon spp), pediculosis o vainas capilares (o pseudoliendres).

El tratamiento más eficaz consiste en primer lugar, en recomendarle al paciente que se rasure la zona afecta, para posteriormente aplicar tópicamente peróxido de benzoilo al 5% (ojo que puede irritar esa zona) o bien antibióticos tópicos para prevenir la recurrencia, como eritromicina o clindamicina. En pacientes que además presenten una hiperhidrosis manifiesta, la trataremos con antiperspirantes (el hidróxido de aluminio al 15% puede ayudar) o, en casos más severos, toxina botulínica. Lo de la higiene sobra decirlo (pero a veces no está de más hacer hincapié).

Finalmente remarcar que no es en absoluto excepcional que en estos pacientes las corinebacterias ronden en todas sus formas, en lo que se conoce como la “tríada corinebacteriana”, y que presenten, además de la tricomicosis axilar, eritrasma y queratolisis punteada (en las plantas de los pies), descrito inicialmente en soldados pero que seguramente se extiende más allá del ejército.
Si queréis saber más sobre el tema o, al menos, ver fotos mucho más bonitas, os recomiendo este artículo del New England (2013) de nuestro compañero Sergio Vañó.

No sabemos qué pasó con Manolo. Si nos hizo caso, probablemente mejoró notablemente. Si nos hizo caso pero solo un ratito, seguramente el problema volvió a aparecer.

Y aunque es un poco triste, ahí va un Requiem por nuestros mares. Nos los estamos cargando. Y si no, que se lo digan a los meros.


Requien from Aguasalada explorer on Vimeo.

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