miércoles, 19 de junio de 2013

Poroma ecrino… no todo son verrugas

Lo cierto es que si esta semana habéis acertado el caso y no sois dermatólogos, mi más sincera enhorabuena. Podéis pasar al siguiente nivel, porque no era fácil.

Un poroma ecrino es un tumor benigno que se forma a partir del acrosiringio (el epitelio del conducto ecrino en la epidermis), y aunque tradicionalmente se consideran todos los poromas “ecrinos”, existen algunos casos de diferenciación apocrina (para nota).

Vale la pena comentarlo porque ésta es una de las lesiones de los anejos cutáneos más sencilla de reconocer en la práctica clínica habitual, ya que las son bastante similares entre ellas. La gran mayoría aparecen en palmas o plantas (en contraste con otros tumores anexiales que suelen aparecer en cara y cuello). Se presentan tanto en hombres como en mujeres, y la mayor parte de los pacientes son adultos, siendo raros en niños.

Estroma vascularizado con células poroides. Parece que la epidermis se "desparrama" hacia la dermis.

Predominio de celulas poroides con aisladas celulas cuticulares con luces ductales, detalle.

Los pacientes suelen consultar por una lesión exofítica de superficie congestiva o erosiva (a veces con franca ulceración y costra), de color eritematoso o rosado, de crecimiento lento y 1-2 cm de diámetro. A veces pueden ser pigmentadas y asemejarse a un carcinoma basocelular al dermatoscopio. Casi siempre son lesiones solitarias, pero se han descrito múltiples lesiones (poromatosis ecrina) en un caso de displasia ectodérmica. También se han publicado casos de crecimiento rápido durante el embarazo o su aparición en zonas irradiadas o que han sufrido una quemadura.

El aspecto histológico de estas lesiones es también bastante característico y no suele ofrecer demasiada dificultad. Se trata de lesiones bien delimitadas, endofíticas, con una población de células pequeñas basófilas, muy monomorfas (células poroides), habitualmente con núcleo hipercromático, que protruyen en la dermis subyacente. Focalmente pueden observarse pequeñas luces ductales. Es posible encontrar alguna figura mitótica y áreas de necrosis.

Aunque característicamente se trata de lesiones indolentes, existe la posibilidad de degeneración maligna, y entonces hablaríamos de porocarcinoma (yo no he visto ninguno en mi vida como dermatóloga, por el momento).

Pese a que se trata de lesiones a priori benignas, el hecho de que aparezcan en zonas acrales hace que suelan ocasionar molestias, de manera que tarde o temprano los pacientes nos van a consultar por este motivo. El tratamiento es quirúrgico, y eso es lo que hicimos con Juan Antonio. Le extirpamos la lesión y nunca más se supo.

No quiero dejar de agradecer al Dr. Fernando Terrasa, uno de nuestros queridos patólogos, su desinteresada contribución a este caso (y muchos otros) con las fotos histológicas y sus explicaciones.

Y para terminar, hoy os dejo con una ciudad imaginaria... de papel.


Paper City from Maciek Janicki on Vimeo.

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