sábado, 25 de junio de 2016

Se me abultan las encías

Manolo tiene sólo 39 años y pese a su juventud es un “paciente crónico” de nuestra consulta. Tiene dermatitis atópica, enfermedad que nos permite ser optimistas en los niños pequeños (casi siempre se cura sola), pero que en adultos las expectativas en cuanto a la autocuración son tirando a malas, y es que cuando aparece (o persiste) en el adulto (una vez descartadas otras causas), la dermatitis atópica se convierte en una mala compañera de viaje.
En ésas estamos con Manolo, quien aparte de su rinitis alérgica (que trata con antihistamínicos) y su asma ya olvidada de la infancia, tiene que lidiar con esta desagradable dermatosis, cuyo síntoma principal, el que da mala vida a quien la padece, es el picor. Vivir con prurito es una de las cosas desagradables que te pueden suceder en la vida (y si no que se lo cuenten a quien lo padece), y por eso en ocasiones tenemos que sacar la artillería pesada, y pasar de las cremitas a tratamientos más “serios”.


Manolo ya había tomado largas tandas de azatioprina con escaso control de sus brotes, incluso había realizado (con poca eficacia) alguna tanda de fototerapia hacía ya algunos años. Por eso, y tras asegurarnos que no tenía ninguna hepatitis oculta, ni hipertensión, ni diabetes, y su función renal era estrictamente normal (en su analítica sólo destacaba una IgE de > 5.000), 5 meses antes le habíamos prescrito tratamiento con ciclosporina A, después de “negociar” los pros y los contras. Hoy venía a control, y aunque estaba satisfecho con los resultados (hacía más de 4 meses que no tenía picor y su piel parecía otra, menos gruesa, sin heridas por el rascado, sin lesiones infectadas, … hasta podía dormir por las noches), nos consultó acerca de un nuevo problema: las encías se le habían “abultado”. No le dolían, pero se lo notaba y era un poco molesto. Además, al sonreír se le veían esos bultos del color de la encía normal, tanto en la arcada superior como en la inferior. Estaba preocupado porque nunca le había sucedido nada parecido. Aprovechamos para revisar las cifras de tensión arterial y la analítica con función renal. Todo normal. Bueno, todo normal menos la boca de Manolo, que muy normal, no era.

Os he dado muchas pistas, pero es que ya es veranito y no tenemos las neuronas para demasiadas complicaciones. ¿Qué hacemos? ¿Una biopsia o no es necesario? ¿Continuamos con la medicación que le va tan bien o suspendemos? Difícil decisión… Lo veremos el miércoles (o en este enlace)

Hoy os dejo con esta maravilla del artista turco Garip Ay. Vale la pena que lo veáis hasta el final.


miércoles, 22 de junio de 2016

Incontinentia pigmenti: que no se nos escapen

La incontinentia pigmenti (IP) es una genodermatosis infrecuente de carácter multisistémico que sigue un patrón de herencia dominante ligada al cromosoma X y que suele ser letal en los varones afectos. También se la conoce con el epónimo de síndrome de Bloch-Sulzberger.

Descrita probablemente por primera vez por Garrod en 1906 y definida más tarde por Bardach, Bloch, Siemens y Sulzberger, no fue hasta 1989 cuando se tipificó el gen responsable en Xq28.
Respecto a la prevalencia, en 2010 se habían descrito más de 1000 casos femeninos (y desde entonces van aumentando), estimándose una prevalencia aproximada de 0,6-0,7 casos por cada millón de nacimientos, siendo el ratio femenino-masculino de 20:1.

A los 7 años apenas se aprecia alguna mácula pigmentada

Hoy sabemos que la causa de la  IP se encuentra en mutaciones en el gen IKBKG, el cual codifica una proteína que regula el factor kappa B nuclear, un grupo de proteínas que ayudan a proteger a las células de la apoptosis en respuesta a ciertas señales. Al gen IKBKG también se le conoce con el nombre de NEMO (sí, como el pez).

La IP es una enfermedad de elevada penetrancia pero de expresividad clínica muy variable.
¿Y por qué os traigo este caso tan raro si éste es un blog de dermatología cotidiana? Pues porque sé que os gustan los retos (en especial los pediátricos) y porque las lesiones cutáneas de la IP, como veremos a continuación, pueden llegar a desaparecer sin apenas dejar rastro, siendo una enfermedad con importantes consecuencias en algunos casos que hay que saber reconocer. Y como que “vista una, vistas todas” (más o menos), allá vamos con la descripción clínica.

Las manifestaciones cutáneas se describen clásicamente en cuatro estadios secuenciales, de aparición y duración variables. Además, hay que tener en cuenta que no todos los pacientes pasarán necesariamente por todos y cada uno de ellos. Hay que destacar que las anomalías cutáneas que definen cada fase se distribuyen a lo largo de las líneas de Blaschko, de las que ya hablamos cuando explicamos el liquen estriado.
  • Estadio I (fase ampollosa). Se caracteriza por una erupción vesículo-ampollosa de distribución lineal en las extremidades y más o menos circunferencial en el tronco, a veces con una base eritematosa, a las 6-8 semanas de vida, pero que también puede estar presente en el nacimiento. Suele desaparecer antes de los 18 meses.
  • Estadio II (fase verrucosa). Suele empezar en los primeros meses de vida, cuando las ampollas se han resuelto, y se presenta como una erupción verrucosa con lesiones hiperqueratósicas siguiendo la misma distribución, de varios meses de duración (a veces, años). En esta fase suelen observarse (cuando existen) las alteraciones de las uñas y dientes.
  • Estadio III (fase hiperpigmentada). Se observa una hiperpigmentación macular, de aspecto veteado (como un “bizcocho de mármol”) de color grisáceo o marrón, que sobre todo se observa (y no siempre) en los grandes pliegues. No se encuentra presente en el nacimiento, y puede empezar a observarse después de la segunda fase entre los 6 meses y el año de edad, pudiendo persistir en la vida adulta, aunque suele atenuarse a partir de la adolescencia.
  • Estadio IV (fase atrófica), caracterizado por hipopigmentación lineal (sobre todo en extremidades) y alopecia, aunque no se presenta en todos los individuos.

Pero en la IP la piel no es lo único que se afecta (de lo contrario el diagnóstico no sería tan importante), pudiendo aparecer manifestaciones en las siguientes localizaciones/ aparatos:
  • Pelo. La alopecia puede aparecer tanto en el cuero cabelludo como en tronco y extremidades. La alopecia parcheada de la cabeza puede corresponder a zonas de alopecia cicatricial a raíz de lesiones ampollosas de la primera fase, pero también puede aparecer en pacientes que no han sufrido ampollas. El cabello puede ser delgado y deslustrado, y afectar también cejas y pestañas.
  • Se han descrito anomalías en las mamas hasta en un 11% de los casos, desde pezones supernumerarios, aplasias, atelia o asimetría de pezones.
  • Las uñas pueden ser distróficas, más frecuentemente en el segundo estadio.
  • Las anomalías en los dientes incluyen la hipodontia, microdontia o anomalías en la forma.
  • La afectación del sistema nervioso central se ha descrito en el 30% de los casos, y es más frecuente y severa en varones: convulsiones, agenesia del cuerpo calloso, paresia espástica y, retraso intelectual (aunque no es lo habitual).
  • Las manifestaciones oftalmológicas se presentan entre un 20 y un 77% de los pacientes, siendo lo más característico una hipervascularización de la retina (con riesgo de desprendimiento). Otros hallazgos incluyen estrabismo, cataratas, microftalmia, etc.
  • Es frecuente observar leucocitosis con eosinofilia sobre todo en los estadios I y II, sin que se conozca el mecanismo por el que se produce.
  • Finalmente, la hipertensión pulmonar primaria es una complicación grave pero poco frecuente en estos pacientes.¿Y en niños? Pues aunque la IP se define como “letal en varones”, existen casos documentados, cuya supervivencia se puede explicar por diversos mecanismos: que tengan un cariotipo 47,XXY o que presenten un mosaicismo somático.


La esperanza de vida de estos pacientes, una vez superadas las complicaciones infantiles (cuando las hay) es normal, y únicamente hay que considerar que las mujeres con IP tienen un elevado riesgo de pérdida fetal en caso de embarazo.

El diagnóstico diferencial dependerá del estadio clínico. Así, en la fase ampollosa hay que considerar herpes simple, varicela, infecciones bacterianas o epidermolisis bullosa; en la fase verrucosa las lesiones pueden remedar simples verrugas, moluscos o un liquen estriado; en la fase hiperpigmentada el principal diagnóstico diferencial se establece con la hipomelanosis de Ito, y en la fase de atrofia nos podemos confundir con vitíligo, cicatrices o hipopigmentación postinflamatoria de cualquier tipo.

En caso de sospecha, la actuación debe ser multidisciplinar, con una exploración física minuciosa, estudio genético, exploración oftalmológica precoz (mensual hasta los 3-4 meses, cada 3 m hasta el año de vida, cada 6 meses hasta los 3 años y luego anualmente) y otras exploraciones complementarias en función de las manifestaciones clínicas en cada caso.

Vesícula intraepidérmica (biopsia a los 12 días de vida)

Microabsceso de eosinófilos en papila dérmica (Imagen: Dr. F. Terrasa)

A Yasmin le realizamos una biopsia que demostró espongiosis y vesiculación intraepidérmica eosinofílica asociada a microabscesos eosinófilos en las papilas dérmicas y disqueratosis, lo que era consistente con una IP entre la primera y la segunda fase. Las exploraciones oftalmológicas periódicas han sido normales y el desarrollo psicomotor ha sido normal. El estudio genético demostró presencia de la mutación en NEMO. Yasmin tiene ahora 8 años y cuando vino el otro día a la consulta me costó encontrar algún rastro de aquellas lesiones que tuvo al nacer. Quizá los dientes son algo curiosos, pero poca cosa más salvo algunas lesiones maculares hiperpigmentadas en los grandes pliegues.

Y si estamos hablando del gen NEMO y es un caso pediátrico, hoy os dejo el trailer de "Buscando a Dory". Todo cuadra...


sábado, 18 de junio de 2016

Costras y ampollas al nacer

Yasmin es un bebé que tiene 12 días cuando nos llaman desde urgencias de pediatría, donde sus padres la han llevado bastante asustados por lo aparatoso de sus lesiones. Nos aseguran que nació con ellas (en otro centro sanitario) y desde entonces no han ido a más, o al menos no lo parece.


Nacida a término por vía vaginal, con un peso y talla normales, el bebé parece encontrarse bien. No ha tenido fiebre en ningún momento y hace las cosas normales de cualquier bebé de casi dos semanas: mama, llora y hace pipí y caca con normalidad. Pero lo que no parece tan normal son esas lesiones vesículo-costrosas sobre una base eritematosa que siguen un trayecto más o menos lineal y que se localizan predominantemente en las cuatro extremidades y en el mentón. En los muslos, tiene algunas zonas hiperpigmentadas de aspecto más residual. Las uñas y el pelo parecen normales.


Cuando preguntamos a la madre, dice no haber tenido ningún tipo de lesión en la piel ni en los genitales en las últimas semanas del embarazo, los padres están sanos y cuando profundizamos un poco más en la historia clínica, el padre recuerda que una hermana suya había presentado lesiones ampollosas durante los primeros meses de vida.

El caso de esta semana es inusual, aunque de fácil diagnóstico si se conoce, estoy convencida de que acertaréis, aunque como siempre, además del nombre de la entidad, me interesa y mucho la actitud a seguir. Porque alguna prueba habrá que hacerle, ¿no? ¿Por dónde empezar? ¿Biopsia? ¿Cultivo? ¿Análisis? ¿O necesitamos más datos? El miércoles lo sabremos (o en este enlace).

Hoy viajamos a Rusia, a San Petersburgo, con este timelapse que espero os guste.

Saint-Petersburg Timelapse from Timelab.pro on Vimeo.

miércoles, 15 de junio de 2016

Nevos que pican: ¿Cuándo consultar?

Hoy vamos a intentar repasar una situación bastante cotidiana y que además suele general alarma entre la población. Y para ello no nos quedará más remedio que aplicar el sentido común (no he sido capaz de encontrar ninguna mención al respecto en los libros de texto más habituales, ni artículos de revisión). Pero vayamos por partes.

Tener nevos melanocíticos adquiridos comunes es algo normal. Todos tenemos lunares, que suelen aparecer después del nacimiento, se agrandan poco a poco, se estabilizan y, a veces, pueden involucionar en la vida adulta. Casi todos los nevos adquiridos comunes se desarrollan entre la segunda y tercera décadas de la vida, aunque las primeras lesiones pueden aparecer en los primeros 6-12 meses de vida. Existen varios estudios que han cuantificado este fenómeno, y en pacientes europeos blancos, la mediana máxima de este tipo de lesiones se presenta en la tercera década, con 16 nevos en mujeres y 24 en hombres (estudios similares en australianos, detectaron un máximo de 43 en hombres y 27 en mujeres entre la 2ª y 3ª décadas, mientras que en personas negras africanas el número es mucho menor).

Imagen dermatoscópica de la lesión de Julián

La exposición ambiental a la radiación ultravioleta (sol) es un factor permisivo crítico que explica un mayor número de estas lesiones (sobre todo las exposiciones intermitentes e intensas durante la infancia), además de factores hereditarios y el fototipo de la persona.

El aspecto de los nevos adquiridos comunes es tremendamente variable, aunque por lo general estas lesiones tienen una superficie y patrón de coloración homogéneos, con una forma redondeada u ovalada, un contorno regular y unos bordes bien definidos. Pueden ser papilomatosos, cupuliformes, pediculados o maculares, y de color también variable que varía entre el color carne y diferentes tonalidades de marrones. En su superficie, puede haber pelo más o menos abundante, que suele ser más grueso y oscuro respecto a la piel circundante. En base a la localización de las células névicas se suelen subclasificar en nevos de la unión (o junturales, cuando se localizan en la epidermis), nevos intradérmicos (cuando se encuentran en dermis) y nevos compuestos (en ambas áreas). La dermatoscopia es una herramienta de gran ayuda para el diagnóstico de las lesiones pigmentadas, en particular las melanocíticas, a la hora de diferenciar las lesiones benignas de las atípicas y del temido melanoma, nuestro caballo de batalla.

Pero volvamos al caso que nos ocupa, el lunar de Julián, que le pica desde hace una semana. Es un motivo de consulta frecuente, y si revisamos cualquier nota de prensa de las sociedades de dermatología, o incluso un libro de texto, este síntoma está recogido como un motivo de alarma y que debe hacer consultar para descartar que estemos ante una lesión maligna. A ver, que pique un lunar es algo que es bastante habitual. Un melanoma (afortunadamente) no lo es tanto. Así que, ¿cuándo nos tenemos que preocupar ante esta situación? ¿O por el contrario siempre que nos pique un nevo debemos consultar rápidamente a un dermatólogo? Pues depende (y aquí es donde entra el sentido común). Vale la pena, antes de perder los papeles o meter miedo en el cuerpo de manera innecesaria, plantearse una serie de cuestiones:
  1. ¿De verdad es una lesión melanocítica? Porque claro, si lo que pica es una queratosis seborreica o un dermatofibroma, entonces ni signo de alarma ni nada de nada. Así que lo primero de todo, tener claro el diagnóstico. Está claro que si este primer punto falla, no hay mucho más que hablar, y si el diagnóstico no está claro como el agua, mejor consultar.
  2. Los nevos sobreelevados en determinadas localizaciones se pueden irritar con frecuencia, por el sudor, el roce con la ropa o con otros elementos. Vamos, que el hecho de que te pique un nevo “abultado” que tienes justo en la zona de roce con el sujetador, es hasta cierto punto normal. Si esto no se acompaña de otros signos de alarma, no hay que asustarse, aunque si las molestias son persistentes, puede ser un motivo de extirpación (con estudio histológico siempre, no se tira a la basura ninguna lesión melanocítica).
  3. ¿Desde cuándo? ¿unos días? Pues si nos encontramos en la situación anterior, nos podemos permitir el lujo de esperar y ver si se pasan las molestias. Si el picor es autolimitado y la lesión en cuestión no tiene rasgos de atipia, pues tranquilos.
  4. Si por el contrario la lesión que pica es efectivamente un nevo y además tiene “mala pinta” (varios colores, asimétrico, etc.) entonces sí vale la pena enviarlo al dermatólogo en un tiempo razonable (si tenemos claro que es un melanoma puede valer la pena incluso descolgar el teléfono, mandar un mail o utilizar las herramientas de que dispongamos para derivación preferente en cada caso).
  5. Pero a veces el problema es un lunar que pica de manera persistente (no una ni dos semanas, sino más de un mes), y por más que miramos no vemos justificación: ni roza con nada y tiene un aspecto anodino. En este caso la sintomatología manda, y cuando algo no cuadra, es correcto derivarlo (con tranquilidad) para una valoración más cuidadosa. Aunque excepcional, no todos los melanomas son fáciles de diagnosticar clínica o dermatoscópicamente, y estos casos suelen terminar con la extirpación de la lesión para su estudio anatomopatológico. Y a veces (pocas, la verdad), hay sorpresas.
En el caso de Julián, se trataba de una lesión típica en la zona de la espalda, y el prurito era de una semana. La dermatoscopia era normal, con un patrón de nevo compuesto, en empedrado, como podéis apreciar en la imagen, así que tranquilidad y calma.

Hoy vamos a ver peces, pero sin que sirva de precedente, en una pecera. Y es que un japonés se ha dedicado a hacer estructuras con una impresora 3D para meter en el agua y le ha quedado este vídeo tan chulo.

waterscape from Haruka MISAWA on Vimeo.

sábado, 11 de junio de 2016

Me pica un lunar

Julián tiene 29 años y como es de esperar, no tiene ningún antecedente que nos llame la atención. Tiene un fototipo III y su abuela tiene “unas manchitas en la cara que le tienen que quemar cada dos por tres” (probablemente queratosis actínicas), pero cuando le preguntamos si hay algún antecedente familiar de melanoma, nos dice que no.


Sin embargo, está un poco preocupado por un lunar que tiene en la espalda. Él no se lo ve bien, y su novia le asegura que no le ha crecido, que lo tiene como siempre. Pero hace una semana que le pica, así que su médico nos lo remite para que lo valoremos con carácter preferente. Y aunque lo habitual hubiera sido tener que pasar más de un mes de lista de espera, a veces se alinean los astros y se producen anulaciones en el momento justo. Eso fue lo que debió pasar cuando la administrativa del centro de salud le dijo que había un hueco para el día siguiente. Julián aprovechó su oportunidad y ahí estaba, con ese lunar que le picaba desde hacía pocos días.

Cuando le preguntamos, nos explica toda la historia. Cuando profundizamos un poco más, nos cuenta que tampoco es que le pique todo el rato, sino que sobre todo le molesta cuando va al gimnasio y si lleva camisetas más ajustadas. No recuerda que le haya sangrado en ninguna ocasión.

La lesión en cuestión se encuentra sobreelevada, de color marrón claro (toda del mismo color, aunque quizá algo rojiza en la periferia) y mide 8 x 12 mm. Si practicamos la regla del ABCD(E), es una lesión simétrica, de bordes bien definidos, de un solo color, y estable en tamaño. La “D” de diámetro sería el único parámetro “positivo”, ya que efectivamente mide más de 6 mm. Y el picor, porque “cuando pica un lunar hay que consultar, ¿no?. Eso es lo que dijeron el otro día por la tele”, nos cuenta Julián.

Pues eso, que tenemos ante nosotros un paciente con un lunar que pica. ¿Qué hacemos? (No vale rascar). Imaginad por un momento que sois el médico de familia de Julián. ¿Lo mandamos al dermatólogo preferente o podemos tomárnoslo con un poco más de calma? ¿Qué pasa con los nevos que pican? Intentaremos aclararlo el miércoles (o en este enlace), aunque no sé si podremos ser demasiado categóricos, quizá sólo sea cuestión de aplicar un poco de sentido común. Veremos…

Y mientras leéis esto (si lo hacéis el día que se ha publicado), con un poco de suerte habré sobrevivido a una carrera en los Dolomitas. Al menos habré podido admirar este tremendo paisaje.

WINTER | DOLOMITES 4K TIMELAPSE from Martin Heck | Timestorm Films on Vimeo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Un xantogranuloma poco juvenil

El color naranja en la piel es algo que nos llama poderosamente la atención a los dermatólogos, ya que es poco frecuente. Y siempre que vemos lesiones naranjas o amarillentas (cuando no se trata de hiperplasias sebáceas), pensamos en el xantogranuloma juvenil (XGJ).
El XGJ se engloba en las denominadas histiocitosis de células no-Langerhans (HCNL o histiocitosis de clase II), un grupo heterogéneo de trastornos que se caracterizan por la proliferación de histiocitos distintos a las células de Langerhans. El XGJ representa entre el 80-90% de todos los casos de HCNL.

Teniendo en cuenta que en el 80% el XGJ aparece en el primer año de vida (y es congénito en un 20-35% de los casos), queda claro que este tipo de lesiones son más bien raritas. Si revisamos la literatura hay poquísimos casos descritos en adultos, aunque el hecho de que yo haya visto dos en el último año hace pensar que probablemente están infrarreportados.

Imagen histológica H&E a pequeño aumento. Fotos: F. Terrasa


Células gigantes de Touton

El XGJ en su variante típica (niños) es un trastorno benigno de resolución espontánea, que se caracteriza por lesiones pápulo-nodulares asintomáticas de color amarillento o anaranjado en la piel y otros órganos, en ausencia de un trastorno metabólico. Existen dos formas clínicas: la papular y la nodular. En ambas, las lesiones son al principio eritemato-anaranjadas o marronosas pero rápidamente se tornan amarillentas. La forma papular se caracteriza por múltiples lesiones de 2-5 mm dispersas por la superficie cutánea, sobre todo en la mitad superior del cuerpo. La forma nodular es más rara y se presenta como una o pocas lesiones, con nódulos de 1-2 cm. También existen formas mixtas en las que coexisten ambos tipos de lesiones, incluso formas gigantes (de más de 2 cm) o en placas. En un 5% se describen lesiones viscerales o sistémicas. El compromiso ocular es la manifestación extracutánea más típica, y por lo general los XGJ oculares son unilaterales, pudiendo producir hemorragia y glaucoma. En raras ocasiones las formas papulares pueden presentar manifestaciones de sistema nervioso central, y raramente las formas nodulares pueden estar relacionadas con formas sistémicas pulmonares, óseas, renales, pericárdicas, etc. Mención aparte (en otro post) merece la asociación con manchas café con leche como marcador de neurofibromatosis tipo 1.
En los pacientes adultos, los XGJ aparecen como una lesión solitaria en el 75-80% de los casos, y a diferencia de los casos infantiles, no suelen remitir espontáneamente.

Si realizamos una biopsia, la característica principal es un infiltrado histiocítico sin epidermotropismo, sin gránulos de Langerhans. Las lesiones precoces de XGJ presentan un infiltrado histiocítico monomorfo que no contiene lípidos, y las lesiones maduras presentan células espumosas, células gigantes a cuerpo extraño y las llamadas células gigantes de Touton. Las lesiones más evolucionadas pueden mostrar fibrosis. La mayoría de los XGJ tienen tinciones positivas para CD68/Ki-M1P y factor XIIIa y negativas para CD1a y S100.

Dermatoscopia: (a) XGJ (b) carcinoma basocelular (c) hiperplasia sebácea Dermatology 2001;220:66

En pacientes adultos un XGJ puede confundirse con un carcinoma basocelular, dermatofibroma, hiperplasia sebácea o incluso un melanoma amelanótico. La dermatoscopia nos puede dar la clave, con ese color amarillento y las telangiectasias arboriformes, aunque en un adulto siempre realizaremos confirmación histológica.

Salvo complicaciones extracutáneas, las lesiones de XGJ tienden a aplanarse con el tiempo en el término de 3 a 6 años, y en ausencia de enfermedades asociadas, el pronóstico es excelente.

A Mari Ángeles se lo quitamos en la misma biopsia y no ha vuelto a presentar problemas ni otras complicaciones.

Hacía días que no ponía ningún timelapse, así que os dejo con éste.

EXISTENCE A TIMELAPSE PROJECT from Michael Shainblum on Vimeo.

sábado, 4 de junio de 2016

Un grano naranja

Mari Ángeles entró en la consulta con cara de preocupación: 7 años antes le habían extirpado en otro hospital un carcinoma basocelular en el párpado inferior del ojo derecho, y lo que parecía una lesión pequeñita acabó en una cirugía bastante compleja, aunque afortunadamente todo salió bien y a día de hoy la cicatriz es una fina línea blanca que le recuerda que debe tener cuidado con el sol.


Nuestra paciente tiene ahora 60 años, es hipertensa y tiene el colesterol alto. Poca cosa más, aparte de una artrosis en las rodillas y en las manos. Pero hoy el motivo de consulta es la aparición hace 3 meses de una lesión en el labio inferior que no tenía antes y que ha ido creciendo de manera progresiva hasta convertirse en lo que vemos en las imágenes. Se trata de una pápula de 4 mm sin pigmento, de un color anaranjado-amarillento que nos llama la atención, con unas telangiectasias que pueden apreciarse en la imagen dermatoscópica. No está ulcerada, y cuando le preguntamos, dice que no le molesta. Claro que tampoco le molestaba el carcinoma basocelular, por eso se decidió a consultar.

Imagen dermatoscópica

¿Qué os sugiere? Mari Ángeles no tiene otras lesiones parecidas, ni nada que nos resulte llamativo. ¿Lo quitamos o podemos estar tranquilos? ¿Se ha ganado una biopsia o lo tenemos claro?
Tendréis que vivir con la incertidumbre hasta el miércoles (o en este enlace), así que hoy vamos a viajar hasta Puglia (Italia), con este vídeo.

Moments of Puglia from Oliver Astrologo on Vimeo.