miércoles, 8 de agosto de 2012

Dermatofibroma: ese tumor impellizcable

Efectivamente, Mercedes tenía un dermatofibroma. También conocido como histiocitoma fibroso benigno (un nombre un poco largo para tan poca cosa), se trata del segundo tumor fibrohistiocítico más frecuente (después del acrocordón, al que tenemos pendiente dedicarle un par de entradas en el blog, que la cosa lo merece).

Los dermatofibromas aparecen sobre todo en adultos, especialmente en las extremidades inferiores (aunque por poder, pueden presentarse en cualquier localización y excepcionalmente, en niños). Vale la pena molestarse en conocerlos bien porque son un motivo muy frecuente de consulta, y el diagnóstico clínico es casi siempre muy sencillo. Suelen presentarse como pápulas de consistencia firme, de tamaño variable (desde pocos milímetros hasta 1 cm, a veces más), hiperpigmentadas (aunque en fototipos claros pueden tener un tono más bien rosado). La palpación es muy característica, ya que parecen estar adheridos al tejido subcutáneo, y cuando intentamos “pellizcarlos” se deslizan hacia la profundidad, en lo que se conoce como “signo del hoyuelo”. Aunque casi siempre son asintomáticos, en ocasiones pueden producir prurito y/o dolor.

Foto histológica de la lesión, cedida por el Dr. Fernando Terrasa

Sobre la etiología de estas lesiones no termina de estar del todo claro, aunque hay quien piensa que son consecuencia de picaduras de artrópodos o secundarios a foliculitis (de ahí lo del pelo enquistado). Pero en realidad la causa exacta no se conoce (y al tratarse de lesiones benignas, tampoco preocupa demasiado, supongo). Sí que vale la pena conocer que hay bastantes casos descritos de dermatofibromas eruptivos (múltiples lesiones que aparecen en poco tiempo) en pacientes con enfermedades autoinmunes, dermatitis atópica, síndrome de Down o inmunodeprimidos (infección por VIH).

Respecto al diagnóstico diferencial no siempre es tan sencillo y pueden confundirse en ocasiones con nevus melanocíticos, quistes epidérmicos o cicatrices. Las lesiones de gran tamaño y de bordes mal definidos, nos preocupan un poco más y deben hacernos descartar el temido dermatofibrosarcoma protuberans, del que hablaremos en otro día.

El patrón dermatoscópico más frecuentemente observado en el dermatofibroma es el formado por un retículo pigmentado delicado en la periferia (71%) y un parche blanco central (en el 57%).  El retículo pigmentado delicado consiste en una red fina de color marrón claro, que se corresponde con la presencia de hiperpigmentación melánica de las crestas epidérmicas alargadas. El otro hallazgo es el parche blanco, que consiste en una zona blanca, similar a una cicatriz, y se corresponde a un área de fibrosis en la dermis papilar. En el 49% pueden observarse estructuras vasculares, y es importante destacar que un 6% de los dermatofibromas presentan un patrón atípico, en cuyo caso se recomienda realizar una biopsia. Si os interesa la dermatoscopia de los dermatofibromas os recomiendo este artículo de Pedro Zaballos.

Si lo biopsiamos, el patólogo verá una proliferación nodular en la dermis formada por fibroblastos fusiformes y miofibroblastos que conforman fascículos cortos que se entrecruzan. Estas células tienen un núcleo oval prominente con pequeños nucleolos, y no es extraño que se observen mitosis. También puede verse un componente histiocitario con citoplasmas vacuolados (xantomizados). En la periferia pueden verse haces gruesos e hialinizados de colágeno (como en un queloide). Por último se pueden ver pequeños vasos y un infiltrado linfocitario perivascular. La epidermis que recubre la lesión suele ser algo hiperplásica y puede verse hiperpigmentación de la capa basal. La inmunohistoquímica es positiva para vimentina, factor XIIIa, actina músculo-específica y marcadores histiocíticos, así como negativa para CD34 (a diferencia del dermatofibrosarcoma).

¿Y qué hay del tratamiento? Pues, una vez más, primum non nocere, y es que la extirpación con fines cosméticos (recordemos que se trata de una lesión benigna) es más que cuestionable, ya que dará como resultado inevitable una cicatriz de mayor tamaño que la lesión inicial. El tratamiento quirúrgico, por tanto, se plantea únicamente en aquellas lesiones que sean especialmente sintomáticas, siempre advirtiendo al paciente de la cicatriz resultante. Ah, y si no lo quitamos, pues tranquilos, no es una lesión que tengamos que seguir de cerca (salvo las mínimas normas de sentido común ante cualquier cambio “extraño”). A Mercedes se lo terminamos quitando por las molestias que le ocasionaba.


Hoy toca otra visión de los Juegos Olímpicos. Meet the superhuman. Vale la pena verlo.


Channel 4 Paralympics - Meet the Superhumans from IWRF on Vimeo.

5 comentarios:

  1. Estimada Rosa .... muchas gracias por el trabajo q te das semana a semana .... saludos desde Chile
    Justo Ibaceta

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, Justo, por seguirnos desde tan lejos.
      Un abrazo

      Eliminar
  2. Hola, mira me hicieron la biopsia en febrebro en el brazo izquierdo , pero me quedo un cicatriz grande y cuando me expongo al sol siento hincones alrededor, que puedo hacer ?

    ResponderEliminar
  3. Hola !
    Estimada Rosa, me sirvio bastante toda la informacion que publicaste. Quisiera saber que puedo hacer mira, en febrero de este año me hice una biopsia en el brazo izquierdo, con el tiempo la cicatriz esta creciendo y cambiando de color , cuando me expongo al sol siento hincones en ese lugar , que puedo hacer ? ayudame...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues 1º depende del resultado de la biopsia. En cualquier caso deberías consultarlo a quien te hizo la biopsia (supongo que un dermatólogo), las posibilidades diagnósticas son múltiples, y no se puede recomendar ningun tratamiento sin verlo.
      Un abrazo

      Eliminar

Éste es un blog dirigido a profesionales sanitarios y personas interesadas en la Dermatología. En ningún caso se atenderán consultas particulares (ver apartado de normas del blog).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...