miércoles, 20 de julio de 2016

¿Cómo se quitan las púas de un erizo de mar?

Los comúnmente conocidos como erizos de mar son invertebrados marinos pertenecientes a la clase Echinoidea dentro del filo de los Equinodermos.
 Se conocen cerca de un millar de especies que habitan en todos los fondos marinos  en un rango de profundidades muy amplio. La coloración externa es muy variable.
 Hay especies herbívoras, detritívoras y algunas también son depredadoras activas.


Paracentrotus lividus. Foto: Rubén Castrillo

La morfología de su cuerpo es variable según las especies, aunque las más conocidas y habituales (equinoideos regulares) tienen una forma globular regular ligeramente achatada en los polos, con un esqueleto o caparazón externo perforado formado por placas de calcita y recubierto por numerosas púas móviles, las cuales tienen una función defensiva y locomotora. Entre las púas se observan otras estructuras con funciones diversas: los pedicelarios y los pies ambulacrales. Los pies ambulacrales están implicados en la locomoción del animal y la fijación al sustrato, mientras que los pedicelarios ejercen diversas funciones (captura de alimento, defensa y limpieza). Algunas especies poseen pedicelarios con glándulas venenosas.
 Los equinoideos regulares son los que se observan de manera más habitual en las zonas rocosas del litoral y con los que más frecuentemente interactuamos, bien sea de forma accidental o al manipularlos (varias especies son objeto de explotación comercial, ya que gastronómicamente son muy apreciadas en algunas regiones).
Las especies más comunes de erizos regulares en nuestras costas son:
  • Arbacia lixula (erizo negro), pequeño, de hasta 8 cm. de diámetro.

  • Paracentrotus lividus (erizo de mar común, es el más empleado y apreciado para consumo humano, de coloración variable).

  • Sphaerechinus granularis (erizo violeta) de gran tamaño, púas cortas y romas de colores vivos. 

  • Erizos diadema (dentro de la familia diadematidae se engloban varios géneros de erizos de púas muy largas, frágiles y con gran movilidad).
El contacto con las púas y/o pedicelarios de los erizos de mar puede provocar diferentes síntomas según la especie que se trate y la zona afectada. Las púas de los erizos se desprenden y fragmentan con facilidad una vez que se han clavado en la piel y pueden generar complicaciones secundarias por sobreinfección o por migración a distancia (a veces provocada al intentar retirar las púas). Si se alojan cerca de una articulación son capaces de provocar artritis y tenosinovitis importantes.

Afectación artic. IF 3er dedo mano izq por púa de erizo. Foto: Carlos de la Torre

El contacto con algunas especies tropicales conocidas popularmente como “erizos de fuego” pueden ocasionar consecuencias más graves, ya que pueden inocular un potente veneno (dolor intenso, entumecimiento del miembro, cierta parálisis muscular o parestesias. Hasta que no se extraigan las púas, siguen desprendiendo veneno, con el agravamiento de la herida).

Ante un accidente de estas características, nos podemos encontrar ante dos tipos de situaciones:
Las reacciones de tipo inmediato son las que siguen directamente después del traumatismo de la picadura con las espinas y/o pedicelarios. Lo más frecuente es el dolor o quemazón localizados en las zonas de punción, que pueden ser muy intensos, y que duran desde minutos hasta varios días. Los orificios de penetración de las púas pueden quedar tatuados con pigmentos de la espina. Las heridas pueden sangrar y acompañarse de un halo eritematoso y edematoso. Otras reacciones inmediatas comprenden la infección secundaria (relacionada con el ambiente bacteriano de las aguas), y de manera más excepcional, eritema multiforme y reacciones sistémicas causadas por especies venenosas.

Cuidado donde pisáis. Foto: Rubén Castrillo

Pero las reacciones más características y las que suelen ser motivo de consulta con el dermatólogo son las tardías, siendo los granulomas las reacciones más habituales, que se manifiestan después de 2 a 12 meses (unos 7 meses de media), como lesiones nodulares localizadas en el área de la herida, o como un proceso inflamatorio más difuso. Dado que las espinas de los erizos de mar están compuestas fundamentalmente por carbonato cálcico magnésico, considerado inmunológicamente inerte, se ha propuesto que los granulomas representarían una reacción inmune a un antígeno desconocido. El Dr. Carlos de la Torre (autor de las imágenes clínicas que ilustran el caso de esta semana) posee la serie más numerosa de casos por espinas de P. lividus. En esta serie de 50 biopsias correspondientes a 35 pacientes, la afectación articular acompañante se observó en más del 25% de los casos. Además, la ecografía demostró mayor utilidad respecto a la radiografía simple para detectar los fragmentos de las espinas. Identificaron granulomas en casi el 80% de los casos. Los patrones más frecuentes fueron el de tipo a cuerpo extraño y el sarcoideo, siendo menos frecuentes los granulomas necrobióticos en empalizada. La presencia de material extraño (partículas no polarizables de aspecto cristalino) fue identificada en el 16% de los casos.

Imágenes cedidas por el Dr. C. de la Torre

Vale. Nos acabamos de clavar un erizo. Y ahora, ¿qué hacemos? Pues sobre todo armarnos de paciencia. Si las espinas no se encuentran muy profundas y son visibles a simple vista, intentar extraerlas con el instrumental adecuado (aguja, pinzas,…) después de lavar con agua y jabón y aplicar un antiséptico, aunque (y lo digo por experiencia) se fragmentan con tanta facilidad que es laborioso y complicado. Por este motivo abundan los trucos y las wikis en internet, desde aplicar cera derretida sobre la herida para que la espina se adhiera al solidificar, emplastos con ácido salicílico y algún otro método poco recomendable. En caso de erizos venenosos se recomienda sumergir el miembro afecto en agua caliente. Los restos de pedicelarios se pueden retirar con una maquinilla de afeitar previa aplicación de espuma de afeitar.

Una fórmula magistral bastante empleada clásicamente es ácido salicílico 25 g, esencia de trementina 25 g, lanolina anhidra 50g. Se cubre la zona durante 3 horas y con un poco de suerte las espinas saldrán más fácilmente.

Si no, hay quien recomienda (con bastante sentido) aplicar vinagre más o menos diluido, lo que ayudaría a deshacer las púas de carbonato cálcico (no lo hagáis con Calgonit).
Evidentemente, si se observan signos de sobreinfección, habrá que recomendar antibiótico.

¿Y si nos viene el paciente con granulomas, como Ernesto? En este caso y si no hay afectación articular ni signos de infección, las infiltraciones de corticoides intralesionales son la mejor opción, dejando la cirugía como segunda opción. Si existe afectación articular, probablemente nos toque pedir ayuda al traumatólogo, ya que el tratamiento va a ser quirúrgico. Evidentemente, en el caso de lesiones crónicas, es necesario acudir al médico, y no hay que seguir tratamientos “caseros”.

Quiero agradecer a Carlos de la Torre y a Rubén Castrillo el haber compartido su enorme sabiduría equinodérmica para poder escribir este post. El vídeo de hoy combina música, esqueletos de erizo y stop-motion.

Javelin - Soda Popinski from Ian McAlpin on Vimeo.

1 comentario:

  1. Increíble artículo sobre estos equinodermos. Me he encontrado miles de veces con ellos pero nunca tuve un susto. Ahora, ya sabemos como tratarlos mejor :)

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