miércoles, 7 de septiembre de 2016

Carabela portuguesa: ni es una medusa, ni es tan peligrosa

En contra de lo que muchas personas creen, las carabelas portuguesas (Physalia physalis) no son  medusas, a pesar que su aspecto externo guarde con ellas una cierta semejanza. Conocida también como aguamala o fragata portuguesa, realmente se trata de un hidrozoo colonial perteneciente al orden de los sifonóforos. Esto quiere decir que el ser vivo que vemos está compuesto por una colonia de zooides especializados en distintas funciones (flotación, defensa y captura de presas, alimentación y reproducción) que se organizan para formar un organismo común.

Physalia physalis en la arena. Foto:By Pixelschubser (Own work), via Wikimedia Commons

Su aspecto externo es inconfundible debido a que poseen una vejiga rellena de gas llamada neumatóforo que le aporta flotabilidad y movilidad, ya que actúa como una vela y le permite desplazarse de forma involuntaria a merced del viento y las corrientes. Esta vejiga semitransparente que puede alcanzar unos 20-25 cm. de longitud presenta una tonalidad muy característica debido a las irisaciones muy llamativas que van del rojo al azul intenso.
 Sumergidos y de la parte central de la vejiga flotante, parten unos larguísimos filamentos o tentáculos retráctiles repletos de células venenosas muy urticantes llamadas nematocistos, encargados de la defensa y captura de presas. Estos tentáculos que apenas miden unos pocos centímetros de longitud cuando están retraídos, pueden alcanzar medidas de hasta 30 ó 40 m. cuando se extienden totalmente creando así una enorme cortina filamentosa que les permite aumentar la efectividad predadora. 
Aunque las carabelas portuguesas sólo se alimentan de pequeños peces y organismos planctónicos, disponen de un veneno muy potente destinado a disuadir a sus predadores. Esta característica, unida a la gran cantidad de nematocistos presentes en sus tentáculos, suele ocasionar serias lesiones por contacto en humanos.

Detalle de los tentáculos. Foto: Taro Taylor aka tarotastic vía Wikimedia Commons

Es una especie común en aguas marinas cálidas de todo el mundo, y aunque en ocasiones aparezca próxima o varada en zonas costeras, su hábitat es el mar abierto. En las costas atlánticas de nuestro país es una especie habitual y desde hace unos años, su presencia en el Mediterráneo, aunque no es común, cada vez es más frecuente.

Aunque se ha exagerado mucho acerca de su peligrosidad para el ser humano (todos los veranos aparece alguna noticia en los medios sensacionalistas acerca de las “medusas asesinas”) y que los desenlaces fatales son muy raros, es cierto que poseen un veneno más potente que la mayoría de medusas y que la cantidad del mismo que se libera tras un contacto accidental suele ser mucho mayor. Lógicamente la gravedad de las lesiones aumenta a la vez que se incrementa la zona afectada por el contacto y teniendo en cuenta que es habitual que el viento y las corrientes acumulen en determinadas zonas una gran cantidad de ejemplares, es de sentido común evitar las zonas de baño en las que se hayan avistado recientemente o bien emplear ropas protectoras de lycra o neopreno mientras se permanezca en el agua.





Los síntomas tras el contacto con los filamentos urticantes de una carabela portuguesa se manifiestan de inmediato y su gravedad dependerá de la zona afectada y de la sensibilidad de cada persona al veneno, el cual tiene propiedades neurotóxicas, citotóxicas y cardiotóxicas. El contacto provoca una intensa sensación de quemazón, prurito, inflamación local y un dolor muy agudo que puede desembocar en un shock y perdida de consciencia si la zona afectada es extensa (la mayoría de muertes se han producido por ahogamientos de las personas afectadas tras perder el conocimiento y no por el veneno en sí mismo). El dolor intenso suele remitir al cabo de 2-3 horas.
 Las laceraciones profundas en la piel están aseguradas y deberán tratarse adecuadamente para evitar infecciones posteriores, necrosis tisular y cicatrices. Otros síntomas habituales suelen ser mareos, fiebre, sudoración, náuseas, vómitos, entumecimiento muscular, dificultades respiratorias y taquicardia. Es fundamental tranquilizar a la persona que ha sufrido la picadura de uno de estos organismos y hacerle entender que, pese a lo que haya leído u oído, su vida no corre peligro.
 La atención médica especializada a la persona afectada será casi siempre necesaria y el tratamiento más adecuado va a depender de los síntomas y de las lesiones producidas.

Tras la picadura se debe evitar frotar con las manos desnudas la zona afectada ya que sólo se conseguirá extender las lesiones a otras partes del cuerpo y agravará los síntomas. 
Como primera medida tras una picadura y con la ayuda de unas pinzas o algún elemento rígido como un carnet, una tarjeta o una lámina de plástico, se deben retirar cuidadosamente los restos de filamentos que permanezcan adheridos a la piel. A continuación, aclarar con abundante agua salada (nunca agua dulce) y aplicar hielo (dentro de una bolsa), ya que el frío ayuda a reducir la inflamación y a mitigar el dolor. Otros estudios recientes recomiendan sumergir en agua salada caliente (45ºC durante unos 20 min.) la zona afectada ya que se considera que las temperaturas altas inciden sobre el veneno (termolábil). Lógicamente según cual sea la disponibilidad de estos recursos y la localización de las lesiones, será más sencillo aplicar un método u otro.

Aunque hay publicaciones que recomiendan aplicar vinagre o amoníaco diluido inmediatamente después del contacto con medusas (os remito a nuestro post de hace algunos años), parece más prudente abstenerse de hacerlo en el caso de la carabela portuguesa, ya que si hay heridas abiertas, puede aumentar el riesgo de infección y además provocar la descarga de nematocistos aún presentes sobre la piel. Tampoco hay que frotar la zona afectada con toallas, arena o barro ya que se empeorará la situación. Está totalmente contraindicado aplicar alcohol o derivados (ni orina, por supuesto). También habrá que evitar la exposición solar y ser muy cuidadoso con los restos de filamentos que puedan haber quedado adheridos a las prendas de baño, ya que pueden permanecer activos durante días.

El tratamiento médico normalmente incluirá la administración de analgésicos, antihistamínicos y pasada la fase aguda, un corticoide tópico (combinado o no con antibiótico), vigilando siempre los signos de sobreinfección bacteriana. En casos muy graves (personas alérgicas al veneno) se requerirá la hospitalización y monitorización de la persona afectada. Nuestra paciente mejoró rápidamente en pocos días (las imágenes corresponden a un control que se realizó 4 días más tarde de la visita en urgencias), con un corticoide tópico y antihistamínico oral.


Agradecer de nuevo a nuestro biólogo de cabecera, Rubén Castrillo, este intensivo repaso sobre el tema.

5 comentarios:

  1. Hola Rosa!
    No es muy grave, pero vaya segun como estes de salud, puede complicarse. Y si te da en Cuba, que no se como andan de medicamentos....o de consultorios.....pues mejor, que no!!
    Ademas me hace gracia lo del.amoniaco, mi padre gran pescador, no salia a pescar sin estos remedios y sino la "orina " rapido y nosotros jovencitos muriendonos de asco...vaya vaya con los remedios de los años 60/70.
    Saludos!!

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  2. Buenos días.
    Ya ni recuerdo cómo llegué aquí, pero me gustó lo que encontré, y aquí sigo. Felicidades por el blog y el trabajo que lleva.
    Respecto a la naturaleza termolábil del veneno: leí, hace muchos años, que el veneno de abejas y avispas se podía neutralizar aplicando en la picadura calor seco (desnaturalización de las proteínas del veneno), con un cigarrillo encendido o un estañador, naturalmente sin llegar a quemar la piel. Desde entonces lo he probado en muchísimas ocasiones (cualquier cosa antes que el barro o el amoníaco, por no hablar de la orina) y doy fe de que funciona, si se aplica inmediatamente. También con las picaduras de mosquitos, aunque es menos efectivo. Jamás había vuelto a encontrar una referencia a este remedio y me alegro de haber encontrado una leve confirmación de que puede ser algo más que un placebo. ¿Hay algo de ciencia en todo esto?
    Gracias.

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    1. Gracias a ti pos pasarte y comentar. No sabía lo del "calor seco", sí lo del "calor a secas", pero tiene bastante sentido (seco o no) cuando hablamos de toxinas termolábiles. Habrá que investigar.
      Un abrazo!

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  3. Ya me disculpareis pero a mí lo de playa y cigarrillos siempre me trae a la mente la figura del antaño mediático dr. Rosado. Lo de la orina, ya en tono más jocoso, la película de 2007 de los cáusticos hermanos Farrelly con Ben Stiller : Matrimonio compulsivo(The Heartbreak Kid). Saludos.
    [Breve reseña histórica: Manuel Rosado González (nacido el 21-3-1939) se hizo famoso en 1979 con un increíble programa --Medicina fantástica-- de TVE, en que daba tan estrafalarios consejos que le costaron el rechazo gubernamental y parlamentario. El galeno tuvo la desfachatez de calificar de "mínimamente cruento" su método de combatir los síntomas de un niño ahogado en una piscina, a base de aplastar sobre su cabeza cigarrillos encendidos. Se dio el caso de serias quemaduras en un hijo de un telespectador que siguió el consejo...Por si fuera poco, en 1983, ideó un método de depilación en el que picaron decenas de mujeres que se querellaron por estafa. Rosado accionaba sobre sus pacientes una máquina con varias luces y muchos cables, pero vacía en su interior. En el contrato se estipulaba "la devolución íntegra del importe del tratamiento en caso de no obtener resultados óptimos". Un delincuente de bata blanca. Pese a la condena de tres años de cárcel que le cayó en 1985, siguió con sus tropelías.]

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  4. Anonimo!
    Me has recordado con este dr. Rosado cuando en los hogares solo teniamos tve y nada mas y si daban medicina, todos a verlo y asi...hasta todo lo que nos echaran....jaj. que tiempos!
    Saludos a todos y a Rosa claro!!

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