El xantogranuloma necrobiótico (XGN) es una entidad que,
aunque poco frecuente, vale la pena conocer por su trascendencia clínica, que
va mucho más allá de la piel. Descrito en 1980 por Kossard y Winkelmann a raíz
de la descripción de 8 pacientes con estas lesiones y paraproteinemia, es una
forma de histiocitosis de células no-Langerhans y, en la mayor parte de los
casos, los pacientes asocian una gammapatía monoclonal.
La incidencia se desconoce y afecta típicamente a pacientes
adultos. Una revisión sistemática sobre 235 pacientes reveló que la edad media
de presentación son los 62 años y, en esta serie, el 63% eran mujeres.
La patogénesis no está del todo clara, pero se han propuesto
diferentes hipótesis: algunos piensan que el XGN representaría una reacción
granulomatosa a cuerpo extraño al depósito de complejos de inmunoglobulinas con
lípidos; otros piensan que es el resultado de una reacción acelerada del
complemento que conduce a la activación de monocitos y al acúmulo de
lipoproteínas en el interior de los mismos y algunos piensan que es el
resultado de un deterioro de la homeostasis lipídica por parte de los
macrófagos que asociaría una reacción inflamatoria secundaria.
| Aspecto de las lesiones tras cirugía y tratamiento médico |
Pero lo más interesante es conocer las manifestaciones
clínicas, que es lo que nos llevará al diagnóstico. Podemos tener tanto
manifestaciones cutáneas como extracutáneas (aunque los dermatólogos seremos
protagonistas de esta historia si existen las primeras, claro).
Las lesiones típicas consisten en pápulas y nódulos de color
amarillo-anaranjado o eritemato-marronosos o violáceos que de manera gradual
aumentan de tamaño hasta formar placas infiltrativas, con la zona central
atrófica y telangiectasias prominentes. Suelen ser asintomáticas, al menos al
principio, aunque a veces pican. En un 40-50% de pacientes pueden llegar a
ulcerarse. La localización más frecuente es la periorbitaria (60-80%), pero en
la mayor parte de los casos se presenta en varias localizaciones, incluyendo
tronco, cara, brazos, nalgas y piernas. La localización periocular suele tener
un tono amarillento y, a diferencia de los xantelasmas, en el XGN las placas
son de mayor tamaño, induradas y más eritematosas. También se ha descrito la
localización genital.
La afectación extracutánea más frecuente es la ocular, pero
es muy rara en ausencia de lesiones cutáneas. La afectación oftalmológica puede
simular una uveítis o escleritis y en la mitad de los casos los pacientes
tienen síntomas (dolor, picor, visión borrosa, ojo seco) o incluso proptosis.
En menos del 3% de los pacientes con XGN se afectan otros órganos (tracto
gastrointestinal, hígado, pulmón, parótida, cerebro, etc.).
Es importante saber reconocer esta enfermedad porque en la
mayor parte de los casos los pacientes presentan una gammapatía monoclonal
(80%), siendo lo más frecuente por IgG. La neoplasia más frecuente, en el 14%,
fue el mieloma múltiple. Otros trastornos hematológicos que se han descrito
incluyen linfoma de células B, leucemia linfática crónica, macroglobulinemia de
Waldenström, linfoma no-Hodgkin, linfoma linfoplasmocítico y plasmocitoma
extramedular. Estas enfermedades hematológicas pueden preceder o aparecer
posteriormente a las lesiones cutáneas, incluso años más tarde (en un estudio
retrospectivo el tiempo medio fue de 2 años y medio). Otras alteraciones
analíticas observadas son leucopenia, déficit de C4, dislipemia o
crioglobulinemia.
En caso de sospecha tendremos que demostrar el diagnóstico
mediante una biopsia (normalmente de piel), que demostrará xantogranulomas
histiocíticos en empalizada con bandas de necrobiosis en dermis media
extendiéndose al tejido subcutáneo y células gigantes tipo Touton, de
apariencia bizarra. También pueden verse hendiduras de colesterol, nódulos linfoides
y células plasmáticas.
Se han propuesto unos criterios diagnósticos, aunque no se
encuentran validados. Los criterios mayores son las lesiones cutáneas
características y los hallazgos histológicos compatibles y los menores,
paraproteinemia (especialmente IgG-kappa) y distribución periorbitaria de las
lesiones. Se requieren los dos criterios mayores y uno menor para llegar al
diagnóstico.
Debemos explorar minuciosamente a estos pacientes,
remitirlos a Oftalmología y biopsiarlos. Además, deberíamos solicitar una
analítica completa con lípidos, proteinograma, estudio de cadenas ligeras y un
TAC tóraco-abdomino-pélvico, en caso de pacientes sin alteración hematológica
conocida. Probablemente tendremos que derivarlos a Hematología.
El diagnóstico diferencial incluye los xantelasmas, los
xantomas planos y la necrobiosis lipoidica (sobre todo si afecta a las
piernas).
El tratamiento de esta enfermedad es complicado y todo un
reto, y requiere un abordaje multidisciplinar. No existen estudios clínicos
comparativos. Evidentemente, en pacientes con neoplasia hematológica asociada
se prioriza el tratamiento de la misma. Para el resto, los tratamientos más
utilizados son el clorambucil y melfalán, con o sin corticoides sistémicos. En
pacientes que no toleren o fracase el tratamiento se sugiere que los pulsos de
dexametasona con inmunoglobulinas endovenosas son un tratamiento razonable de
segunda línea. Existe poca evidencia en tratamientos de tercera línea:
talidomida, lenalidomida, plasmaféresis, dapsona, antipalúdicos, PUVA, mostaza
nitrogenada y un largo etcétera. El tratamiento quirúrgico también tiene
sentido, aunque el riesgo de recurrencia es elevado.
Estos pacientes deben monitorizarse por el riesgo elevado de
enfermedad hematológica, aunque no existen recomendaciones estandarizadas.
En el caso de Petronila las placas progresaron en meses, con
induración progresiva y dificultad para la apertura ocular, se demostró una
gammapatía monoclonal IgG y recibió tratamiento con clorambucil y prednisona,
así como tratamiento quirúrgico por parte de oftalmología, con mejoría y estabilización
de las lesiones tras la progresión inicial.












