miércoles, 25 de noviembre de 2015

Nevus anemicus: ni es un lunar, ni le falta hierro

Álex tenía lo que se llama un nevus anemicus (o nevo anémico), una lesión completamente benigna y sin importancia que puede verse como hallazgo incidental al explorar a un paciente, siendo más raro que constituya el motivo de consulta.
El nevus anemicus es una anomalía vascular congénita, presente en el nacimiento, como una mácula o mancha hipopigmentada. Su palidez se debe a una hipersensibilidad localizada a las catecolaminas, con la consiguiente vasoconstricción de la zona. Esta entidad (no la llamaremos enfermedad porque no lo es) fue descrita por primera vez por Hans Vörner en 1906.


Esta lesión, siempre asintomática, constituye una mácula o mancha pálida (de ahí su nombre), que puede variar en forma y tamaño y que en ocasiones presenta máculas satélite más pequeñas. Puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero es más frecuente en el tronco. Presente en el nacimiento (a veces se manifiesta algo más tarde), es algo más prevalente en mujeres.

El diagnóstico es clínico, ya que los hallazgos histológicos son los mismos que los de la piel normal.
Si realizamos diascopia (presionando con una superficie transparente), el nevo anémico “desaparecerá” ya que no podremos diferenciarlo de la piel normal. Otra “prueba rápida” es rascar una línea (con un clip, como si fuéramos a hacer un dermografismo), a lo largo de la lesión y de la piel normal. Aparecerá un eritema reactivo en la piel normal, pero no en la superficie de la lesión. Finalmente, si lo examinamos con luz de Wood, no esperéis nada especial, ya que no se resalta (pero eso puede ayudar a diferenciarlo de otros procesos).

El diagnóstico diferencial más importante seguramente es con el vitíligo, sobre todo para evitar tratamientos innecesarios (aunque un vitíligo con una única lesión es poco frecuente). El nevo despigmentoso (o nevo hipocrómico) puede ser muy similar al nevo anémico y también es una lesión congénita, pero a diferencia de éste, sí se pone rojo cuando lo rascamos. La pitiriasis versicolor es otro diagnóstico a tener en cuenta (pero no son lesiones congénitas, claro, y en caso de duda, el examen directo con KOH nos puede ayudar). Finalmente, la esclerosis tuberosa y sus máculas hipomelanóticas nos pueden hacer bailar la cabeza, pero en este caso, las lesiones suelen ser de menor tamaño, múltiples, se acentúan con la luz de Wood y tienden a atenuarse en la edad adulta.

El pronóstico es excelente, ya que no tiene mayores consecuencias, pero la lesión va a persistir en la vida adulta, sin que podamos proporcionar más tratamiento que el camuflaje con maquillaje corrector.
Vale la pena conocer que el nevo anémico es especialmente frecuente en pacientes con neurofibromatosis, de modo que ante el hallazgo incidental, vale la pena explorar buscando manchas café con leche. Además también puede verse con cierta frecuencia en pacientes con facomatosis pigmentovascular.

Como curiosidad, si tomamos el nevus anémico y lo “trasplantamos” mediante un injerto a otra zona de piel normal, seguirá manteniendo la “palidez”. Curioso…

Hoy nos vamos a la India y a Queens (NY), a pintar con te...

Sugarless Tea from Sai Selvarajan on Vimeo.

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