miércoles, 12 de noviembre de 2014

Púrpura senil: son los años (y más cosas)

Las lesiones de Marisa son de aquellas cosas a las que los médicos normalmente no hacemos demasiado caso. De tan poco caso que les hacemos, a veces hasta se nos olvida cómo llamarlas. El hecho de que los sabios tampoco se pongan de acuerdo con las cuestiones terminológicas, la verdad es que no ayuda mucho. Y al final, lo resumimos todo con la consabida frase: “Eso es de la edad”. Y todos contentos (bueno, todos menos la paciente, que una cosa es que no la cures, y otra que la llames vieja).


Las lesiones en sí son fáciles de describir: se trata de máculas (no se palpan) purpúricas (no desaparecen a la vitropresión). Y poco más. Sí que llama la atención que la piel de toda esa zona (dorso de manos y antebrazos) ha perdido la elasticidad normal de una piel joven. Vale. Son las consecuencias del paso inexorable de los años, que se traduce en una fragilidad capilar que hace que los hematíes se extravasen con facilidad, ante mínimos traumatismos, o incluso de manera espontánea, apareciendo esas lesiones equimóticas típicamente en esa localización que se resuelven espontáneamente en unos días.

Cuando yo estudiaba me explicaron esta entidad bajo el nombre de púrpura senil de Bateman. En los libros (aunque se habla poco de ella) lo podéis encontrar también como púrpura actínica. Incluso en los últimos años algunos autores europeos, en un intento de aproximación más “holística” (toma ya) se han inventado la palabra dermatoporosis, o síndrome de insuficiencia cutánea crónica (que la piel no iba a ser menos que el riñón u otros órganos vitales). Bueno, en realidad cuando hablan de dermatoporosis se refieren a un concepto algo más amplio (que se relaciona con el envejecimiento fisiológico y con el fotoenvejecimiento) que engloba unos cambios morfológicos (púrpura senil, pseudocicatrices estrelladas y atrofia cutánea) que conllevan una pérdida de la funcionalidad de la piel a consecuencia de esa fragilidad (con heridas y laceraciones ante mínimos traumatismos). Nada nuevo en el horizonte, vamos.

Son las mismas lesiones que podemos ver, no sólo en personas de edad avanzada, sino también ante un daño solar crónico severo, tratamientos crónicos con corticoides o síndrome de Cushing.

El diagnóstico clínico es tan evidente que no es necesaria ninguna otra exploración complementaria (mucho menos una biopsia), así que lo único que nos queda es convencer al paciente con el poder de la palabra.

El tratamiento es bastante menos satisfactorio. Aparte de las medidas obvias (evitar traumatismos, mantener una hidratación correcta de la piel), no existen tratamientos específicos para evitar la aparición de estas lesiones. No he encontrado ningún estudio serio sobre el tema, aunque algunos autores proponen que suplementar la dieta con vitamina C podría ayudar.

Hoy nos toca un viaje en globo, en Albuquerque.


Albuquerque Balloon Fiesta 2014 - Timelapse Short Film from Knate Myers on Vimeo.

6 comentarios:

  1. NO ME AGRADO EL LENGUAJE COMO MANEJAS ESTE ESTADO DERMATOLOGICO , COMO QUE AL PACIENTE POCO LE INTERESAS

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    1. Pues te equivocas y mucho, pero bueno, veo que no has pillado la ironía.
      Por cierto, escribir en mayúsculas en Internet es de mala educación, así como comentar sin decir quién eres, cuando yo estoy perfectamente identificada.
      Un saludo.

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  2. Según mi médico se debe a una insuficiencia de vitamina K debido, a su vez a una posible insuficiencia hepática, por probable ingesta de vino cotidiano.(+/- 700 ml./día) ¿puede ser?

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    1. Por supuesto que puede ser, pero en su caso las purpuras son causadas por insuficiencia hepática, probable hepatopatía cronica. Eso ya no es púrpura senil, le recomiendo siga el consejo médico para que finalmente lleguen al diagnostico y le den el mejor tratamiento.

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    2. Exacto, habría que valorar cada caso en concreto

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  3. Gracias Dra. buena explicación.

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